jueves, 16 de septiembre de 2010

Doblenimia

Orlando se llama 2 veces y no de la misma manera.
Cuando habla consigo se llama de una forma
y cuando lo llaman, se llama diferente.

Yo siempre lo llamaba de ambas...
Orlando cuando lo llamaba en silencio,
y de mil maneras en voz alta.
Pero en silencio, Orlando era el único,
con un solo nombre, con un solo ser...
Con un solo pensamiento.

Orlando se presenta con otro nombre,
como si guardara su nombre para casos especiales.
Para personas...
Para momentos...
Para instantes.

Públicamente se llama diferente,
incluso cuando él mismo se llama la atención.
Pero sé que en silencio se sigue llamando como siempre,
tal cual yo lo llamaba en silencio también.

Orlando... Sin importar cómo se llame,
lo importante es que tiene un nombre (o dos o tres).
Y que sonríe siempre como Orlando...
Aunque la gente lo llame de otra manera,
aunque a veces ni siquiera, sepan quién es...

Reparado de reparos

Orlando sueña despierto, por las noches sobre todo.
Y sueña despierto porque sabe que todo se hará realidad.
Va y viene con varitas mágicas de cartón corrugado.
Regando magia indiscriminadamente...
Mágicamente, se aleja del cómo, del cuándo, del dónde.
Y vuela.

Orlando vive en medio de lagos celestes.
Donde tira monedas de chocolante
esperando que el agua se tiña un poco.
Se acuesta entre piedras blancas y blandas...duras y oscuras
Pero no se queja.

Orlando ha empezado a dejar pedazos de sí mismo en el mundo...
En la gente y sus deseos.
En los dulces y en los salados.
En el cielo y en la tierra.
Y aunque no es gigante su alma alcanza para todos...
Un poco para mí también.

Orlando camina sin desgastarse,
llora sin acongojarse
y duerme sin despertarse.
Y aunque hace días que no lo veo... sé que me escucha...
yo lo escucho a él y se que duerme bien.
Y en mis sueños aparece, me sonríe con la mirada de siempre...

Orlando no tiene reparos,
aunque anda reparando y reparando.
Su inteligencia lo guía
y su corazón lo llama 5 veces por semana.
Y mientras Orlando sonría,
todos sabemos que todo andará bien.

martes, 14 de septiembre de 2010

Constanza no declina!

Constanza se acuesta pasadas las 12. Se acuesta y no duerme, sueña despierta.

Constanza tiene un método de arrullamiento, que consiste en jugo de cebada caliente, nicotina y alquitrán.

Ella pierde los estribos los fines de semana, pero los encuentra antes de que llegue la madrugada del lunes.

Constanza se acuesta y sueña con hombres... también con mujeres y niños.

Sueña con los hombres de su vida y su futuro.

Tiene pesadillas con sus defectos y sonrie en medio de sus talentos.

No sueña con la belleza de los hombres, pero sí con su pureza...

Si es que acaso la tienen escondida en alguna parte.

Creo que Constanza se acuesta cansada.

Y que la sus constantes pesadillas la han llevado a agotarse aún más.

Pero Constanza no declina...

Sueña, despierta y sueña...

lunes, 13 de septiembre de 2010

Ay Margarita!

Margarita se deshojaba los domingos por la noche
Y a veces los sábados también, los impares sobre todo.
Veía películas ya vistas y cantaba canciones desconocidas
Mientras se deshojaba la madrugada.

Margarita sueña y despierta
Y vuelve a despertar a las 7 de la mañana.
Y suspira entre bosques desconocidos...
Entre árboles que no la quieren
Y lunas a las que no les importa.

Margarita amanece muerta y deshojada cada lunes
Sin sueños... Con una realidad que parece pesadilla.
Y aunque en el espejo se vea amarilla y radiante
Ella sabe que amaneció sin vestido...
Y que no hay hojas en closet
Para poder seguir deshojándose...

lunes, 30 de agosto de 2010

CONTIGO EN LA DISTANCIA - CHRISTINA AGUILERA

Un lunes cualquiera

Amaneció despejado, casi diría que soleado...
Y sin pensarlo mucho salí del letargo de las horas de sueño. Mi mirada estaba fija sobre un punto cualquiera, que me decía que no era la misma. Un punto en el que lo que más me gustaba de mí moría... Y quedaba la frialdad, el cálculo y la materia. Los ojos se entrecerraban para no ver el cambio, para no ver debajo del polvo. El rastro que dejaba la desaparición era salado y el resultado amargo.

domingo, 29 de agosto de 2010

De la muerte y sus antojos

La calle no sobrevivó ni al descuido ni al abandono... La calle se tornó rojiza y se empapó de desiluciones a las 4 de la tarde... La calle no sobrevivió al tumulto de los pensamientos abandonados a su suerte... La calle se cruzó a sí misma, con la intención de correr mientras el semáforo le daba la razón... pero todo se quedó en deseos y la calle no sobrevivió al tránsito...

El pan no llegó a tiempo para el desayuno, porque no sobrevivió al horno... El calor intenso lo fue sofocando de a pocos haciéndole perder el brillo, el sabor... El pan no sobrevivió a la noche y no estuvo nunca en la mañana. Algunos dicen que el pan se quema en la puerta del horno. Este se derritió ahí mismo, dejando su escencia en la bandeja... Nunca dijo nada... Solo se dio al abandono...

El río no sobrevivió a la lluvia... Agosto trajo tormentas desconocidas para las tierras cercanas y el río se desbordó... El río se emocionó al ver tanta agua y se ahogó en sí mismo en esa noche de lluvia... Las piedras arrasaron con el sonido adormecedor, la basura se mezcló con el lodo y se llevó el llanto de la gente para incorporarlo en ciclo casi eterno del agua... Dejando su tristeza entre nosotros para siempre...

El escritor se perdió en sus páginas en blanco y se ahorcó en tinta negra... No sobrevivió a la falta de inspiración, ni al desempleo, ni a la risa de sus vecinos. El escritor perdió los papeles y las letras... Se amuralló tras las paredes de su talento y nunca lo dejó salir. Se abandonó a su suerte un domingo cualquiera... Y se dejó morir antes de empezar la semana.

La paz no sobrevivió al paso de la humanidad... Y se fue enfriando paulatinamente hasta convertirlo todo en gris, en restos de polvo. La paz no sobrevivió a la guerra del tiempo y murió de madrugada. Una madrugada fría en que alguien, tendida en su cama, terminó por perder la fe. Y aunque la buscó por horas hasta el amanecer, nunca pudo recuperarla.

Yo... yo no sobreviví a mi página. La pasé sí, quizás... Pero no sobreviví a ella como hubiera querido. Mi página, mis páginas me aplastaron una tarde, en que yo decidí darles la vuelta. Escribo y quien escribe no es la misma. Yo perdí el color, la naturalidad, la espontaneidad, la fe... No quiero amar, no quiero desear, no quiero soñar, no quiero luchar... He decidido dejarme llevar por el desgano y ser un fantasma en medio de mi propia vida... Que pasará sin lujos, sin historias que contar... Una vida sin vida... Un suelo sin sueño... Un remedo de todo, sin ser nada verdadero, nada útil, nada agradable, nada...

domingo, 11 de julio de 2010

Amenidades... 2

Ahora que te tengo salto de 3 en 3, pero solo porque las losetas han duplicado su tamaño. Corro y descanso en medio de primaveras de invierno. Mi mente descansa más y mi cuerpo se relaja contigo, con tu piel, con tu respiración.
Ahora que te tengo, con o sin eclipses aprecio la belleza del mundo. Sigue sin llover en los desiertos, pero hay playas verdes al norte, que yo sé que conoceremos. El calendario… a veces sigue pareciendo difícil, pero ni tú ni yo buscamos la perfección. Y probablemente, nuestros miedos van creando errores por los que no nos cuesta pedir perdón.
Ahora que te tengo, la paz está en tu mano, en tu pecho y en tu aroma, que aún sin estar cerca puedo percibir en mi almohada. Y aunque no vea siempre lo que quiero al abrir la ventana, me basta con tener tu imagen antes de dormir. Ahora nos abrigamos juntos de noche y despertamos juntos en las mañanas… no hacen falta ni controles, ni aves.
Ahora que te tengo, duermo con y sin pesadillas cuando estoy a tu lado, pero definitivamente ya no hay insomnio. Dejamos de lado las casitas, para armarnos y desarmarnos a nosotros mismos, intentando siempre ser mejores. Mis demonios aún me amenazan… Y los tuyos, creo que no han aparecido… O quizás no en mis sueños.
Ahora que te tengo, soy más feliz que nunca, aunque la ansiedad se haya mantenido un poco. Hay un castillo de arena bajo el mar que aún espera por nosotros. Las nubes aún suscitan misterios que nos esforzamos por resolver sin sentir frío…
Ahora que te tengo escribo un poco al revés, pero también mantengo el hilo. No te he mandado postales y quizás debería hacerlo. Ahora que te tengo hablo más y escucho menos… Y lo siento. Ahora que te tengo, de alguna manera siento que no te tengo todavía… Y mi amor sigue creciendo, tratando de alcanzarte.

lunes, 21 de junio de 2010

Sueño con sabor a pesadilla

Hoy quiero desaparecer y que mis sueños me atrapen en la madrugada que promete ser fria. Quiero volverme polvo así, de pronto. Quiero extinguirme, como se extingue la fe sin pedir permiso. Y quiero volverme un personaje poco siniestro que sepa irrumpir en las noches de la gente para clamar a tiempo que ya es hora de partir. Y convertirme un poco más en muerte a las 2 de la mañana. Y amanecer con el cuerpo frío y quieto. Quiero ser tristeza pura sin avergonzarme de mi naturaleza y desaparecer... Absorberme en el tiempo, en la amargura, en la frustración y en la desesperación. Quiero irme, irme tan lejos que mi historia parezca una leyenda mal contada, sin rastro de que alguna vez fui real. Que mis rodillas dejen el temblor de lado y simplemente se detengan... Quiero morir y renacer en otro mundo. Donde ni el amor, ni la alegría existan. Donde el pasado cuelgue de los árboles y se viva en constante melancolía... Eso quiero, volver a la calle donde pertenezco. Donde la luna está siempre llena y siempre anaranjada; acompañando las historias más espantosas que no son más que historias del día a día. Quiero volver al invierno, a la ceguera, a las luces verdes y rojas, al infierno (frío o caliente), al desamor declarado, al chocolate amargo promedio... Y no volver nunca a este lugar tan raro, donde la gente cree que puede ser feliz, donde cree que los sueños se hacen realidad y que el amor es eterno. Aquí, a las paredes verdes que cada vez se acercan más a mí y están a punto de caerme encima... Quiero irme al lugar de donde vine... Para no volver más a este sueño con sabor a pesadilla.

jueves, 20 de mayo de 2010

Un soldadito...

Con los ojos puestos en la meta, camina firme y decidido. Dejándose conmover únicamente por el recuerdo de las personas a las que ama. Una vez tuvo un sueño y en un impulso de la fe que alguien motivó, decidió creer que era posible. Y así emprendió su marcha, empapada de nostalgias y de besos pendientes. En medio de aquellas pendientes, empezó a crear su camino, el que el soñó, el que el creyó... El que él deseaba para sí mismo. Sus mejores herramientas eran el polvo de ilusiones en los que dejó de creer cuando era niño, los suspiros que acompañaron los deseos que le pidió a las estrellas fugaces y las esperanzas que cabían en los sueños acompañados con jugo de uvas cada fin de año. Y después de un tiempo, al voltear la cabeza, vio que había sido posible... Que los sueños que tuvo de niño, cada uno de ellos se había hecho realidad... Casi que con solo creer en ellos.

lunes, 17 de mayo de 2010

"A veces un recuerdo basta para ver todo más claro"

Y de pronto, cuando menos lo esperaba, cuando ya no lo creía posible... Te tuve frente a mí: A punto de besarme y deseando que fuera un beso muy largo. Cuando ya había perdido la fe y las esperanzas en que "un nosotros" era posible aceptaste tomar mi mano y viajar algunos kilómetros al sur para hacer mi (nuestro) sueño realidad. Cuando dejé de creer, tú hiciste lo necesario para que empiece a creer nuevamente que era posible... Entonces, me di cuenta que a veces "perder la fe" no significa renunciar. Me di cuenta que "perder la fe" no significa perderla efectivamente hasta abandonar por completo, hasta dar todo por perdido, hasta dar media vuelta dejando todo (absolutamente todo) atrás. Entonces me di cuenta que no había perdido la fe en nosotros, la había dejado de lado momentáneamente para ponerme una armadura compuesta de falsa sabiduría... Esa clase de defensa que nuestros corazones necesitan para sentirse un poco más protegidos: Sin darlo todo, sin arriesgarse por completo, queriendo sin querer en serio... Para que luego, cuando toque perder, si es que toca, no duela tanto. O para decir "con sabiduría"... Ya me lo esperaba, lo veía venir, por eso actué de esta manera o de esta otra. La verdad es que no puedo juzgarte por dejar de creer... Porque yo dejé de creer primero (cuando empecé a descontar y aún antes de eso) y fuiste tú quien me hizo volver a arriesgar, volver a soñar, volver a amar... No sé si en tu caso se dé rápidamente o no ese regreso, ni siquiera sé si se va a dar... Pero lo cierto es que te amo, esta vez sin armaduras de por medio... Con el corazón en la mano, dispuesta a dejar la piel en el cumplimiento de mis sueños... Sin temor a que no se hagan realidad y a sufrir por eso, aunque la razón sabe que es posible... Descansa mientras te busco, sonríe mientras te encuentro, diviértete mientras encuentro nuestro camino de regreso, duerme mientras busco nuestra paz... Porque permaneceré a tu lado, sin importar las carencias de credo... Porque te seguiré amando de manera silenciosa o parlanchina... Para alejarme si es necesario, para entregarte más cuando haga falta y para verte dormir la noche entera si eso es lo que te hace sentir mejor.

domingo, 16 de mayo de 2010

"Estábamos juntos y me olvidé del resto del mundo"

Estábamos juntos y te vi dormir por una hora o más... En esos minutos besaste el aire, respiraste fuerte y despacio. Me incliné para adoptar una posición en la que parecía que me mirabas... Tu piel descansaba también sin mayores sobresaltos, pero tus pies se movían y pretendían saludarme. Juntaste los brazos y los abriste... Dejaste que la luz le diera a tu rostro y luego te ocultaste de ella. Busqué la sábana y el edredón para abrigarte y luego de eso, te acurrucaste. Te fastidiaba un poco la ropa y te movías cada vez que yo lo hacía. Tu cabello aún parecía húmedo y tus labios permanecían cerrados. Mi niño... Un pequeñito cansado de las tristezas, del mal humor y de las frustraciones. Un alma que descansa y no cuando está a mi lado. Traté de acomodarme a tu lado, pero mis miedos no me permitían encajar bien en tu lado derecho y en el lado izquierdo hacía demasiado frío. Te vi dormir por una hora y luego fui repitiendo una frase en mi mente para ver si lograba adormecerme... Me senté en el suelo y me preguntaste porqué me escapaba, así que volví a tu lado. Mi alma pesaba tanto que no me dejaba dormir, me despertaba a través de mis sueños y mis pesadillas... Una de ellas me hizo despertar llorando... Uno de ellos me hizo querer seguir durmiendo... Y finalmente, ahí estábamos, inmóviles (dormidos y despiertos). Con poco margen en la cama, con pocas lágrimas restantes y la fe puesta en el presente.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Te pierdo...

En las mañanas, de manera casi imperceptible aunque digas que no. Mientras avanza el día y en las horas, se esconden las posibilidades de tenerte cerca. En medio de responsabilidades que parecen poco importantes, pero que sin querer, son prioridad. Te pierdo de manera casi constante a mitad de mañana. Mientras me desvanezco en sábanas amarillas por la humedad. En las mañanas, por llegar a las tardes, justo antes de un buen programa de tele y te pierdo... te pierdo por nada.

Luego, en las tardes te pierdo o me pierdo yo. Por rutinas clásicamente establecidas en la sociedad. Por las tardes, cuando el viento entra por la ventana como una señal de ligera llovizna. Cuando las mantas no alcanzan para abrigar el frío y la flojera se incrementa con solo respirar. Te pierdo en el desgano mío, en la pesadez del letargo, en la lentitud de los minutos, en el silencio de las decepciones que menciono y no.

En las noches te tengo y te pierdo de manera frecuente. En medio de tu cansancio y el mío por unos motivos más razonables que otros. Te pierdo en celos que adquieren formas de moldes pequeños y robustos. Te pierdo en el silencio, una vez más. En los quejidos de una madrugada fría. Te pierdo en mis pesadillas permanentes, que utilizan las horas del descanso para atormentar mi mente... Te pierdo una y más veces... Y todas las veces posibles... Hasta el último respiro del día, que sin querer... Vuelve a empezar.

domingo, 2 de mayo de 2010

En Lima llueve

El frío de hoy me recordó un poco más que de costumbre la falta que me haces cuando no puedo tomar tu mano. Mis dedos se cierran en la nada y sin encontrarte mi mente trata de evitarle una tristeza a mi alma... Recuerdo entonces el calor de tu pecho cuando dormimos juntos, tus besos infinitos con sabor a madrugada, los cuidados contra el frío, el empeine de tus pies rozando la planta de los míos y el aroma de tu cuerpo, a frotaciones para deportistas. Hay un suelo sin embargo bajo mis pies que me remece de cuando en cuando; provocando inseguridades, miedos y nostalgias que se adelantan a los hechos, hechos que ni siquiera son certeros. Es ahí cuando mi cuerpo y mis palabras reaccionan de innumerables formas incómodas y molestas... Que luego dan origen a nuevas distancias sin sentido. Partidas que pueden evitarse, pero que no son evitadas. Vuelvo entonces a la soledad de mi cuarto, que me recuerda a ti en cada uno de sus centímetros cuadrados. Tu aroma en la almohada y en las sábanas son calmantes insuficientes de mi angustia. Entonces, la necesidad de oir tu voz hace que quiera interrumpir tus sueños o pesadillas. Me pierdo en el egoísmo de mi amor y me atrevo a llamarte. Solo tu voz calma tantas angustias juntas, tantos miedos y tantas lágrimas. Para cerrar un día complicado te escribo, pidiendo perdón una vez más por mis errores... Perdones que debiera enmarcar y colgarlos en mi pared a fin de no cometerlos de nuevo... Nunca más.

En las calles llueve, en Lima llueve y hoy en mi cuarto un poco también... La diferencia es que quizás en Lima el sol no vuelva por un buen tiempo... Pero aquí en medio de verde sacha, de tu mano, el sol vuelve a salir siempre.

domingo, 4 de abril de 2010

Descansa

Quiero destender la cama para ti, para dormir o soñar despiertos... Quiero que tomes mi mano si sientes que no puedes avanzar... Quiero que te detengas si es que lo necesitas y que me pidas permanecer cerca o lejos, pero que me lo digas... Si quieres dormir, te doy una almohada o más... Si solo quieres cerrar los ojos, te puedo prestar mi silencio...
Solo digo que me gustaría permanecer a tu lado... para lo bueno, lo malo, lo serio y lo tierno... siempre, en todo momento, bajo cualquier situación... Todo avanza bien... Me doy cuenta porque aún te amo más que ayer.

El hombre que se enamoró de mí

Tú ya lo conociste y ya sabes cuál es su aroma porque lo lleva impregnado en la piel, derramándolo por ahí junto con su alegría, para quienes nos detenemos a sentir su aroma. No es de gran tamaño, pero sus brazos me sostienen y son cómodos. Pero eso tú lo sabes mejor que nadie. Su piel es digna de una noche de invierno, mejor calefacción que cualquiera, mantiene tibias las camas, aleja las pesadillas y abraza sin quemar. Su mente se divide, ahora permanece dividida sin que ello signifique alejarnos de su lado. Te ama... Tanto como a mí, pero de manera diferente. Me escucha... Tanto como a ti aunque no le digas nada. Nos sueña, a ambos... en medio de un castillo con decoraciones japonesas. Yo de tu mano, tú de la mía... Y solo una porque la otra está ocupada con un nuevo pedacito de los tres... Sí, tuyo también. Es un soñador, de los buenos... Y no dudes de que tenga planes para ti, aunque no quiera confesarlo y aunque nunca te obligue a nada. Trabaja, mucho... Mientras tiene tu foto en su teléfono y la mía en su mente (o en la computadora). Sonríe... Y ojalá que pronto sonrías como él... sobre todo ahora que parecen faltarnos las sonrisas... El hombre que se enamoró de mí primero, se enamoró de ti después... Y aunque parezca un poco doloroso al inicio, sé que seremos felices... los 3.

jueves, 11 de marzo de 2010

De negro

Mientras avanzaba, no noté los minutos que perdía... Las ilusiones de un paisaje distinto, con olores distintos y texturas diferentes... Me dejé llevar y me costó hacerlo. Subí en medio de tormentas de gran dimesión, me desintegré y me reintegré. Caí en suaves camas de algodón, me aferré a cortinas que cayeron por mi propio peso... Me acomodé y dormi. Y no reparé en los charcos que quedaron en el piso, no siempre.

En ocasiones con sabor a aceituna... te recuerdo. Y pienso en lo que no es, y quiero lo que no existe, y deseo lo que es imposible. Te recuerdo y la habitación aún se tiñe de lila... de negro. Me siento y respiro... Confío en el tiempo y en un futuro poco confiable. Te escribo... Te escucho... Te extraño y quiero que vuelvas... Pero nunca lo suficiente.

domingo, 24 de enero de 2010

Encuentro a-zu-lado


En tu ausencia y en medio del arte encontré el sentido de algunas cosas... Te extraño de manera "casi" inagotable, me haces falta, de vez en cuando, en cada paso que doy... Me encantaría tenerte cerca en este momento. Pienso en tí... Siempre... En el camino, en la partida y en la llegada... En lo oscuro, en lo claro, en lo indefinido... En lo azul, lo blanco y lo celeste... Estás en lo que pienso y por ende en lo que sueño, en lo que creo y en lo que creo... No quiero extrañarte más... Solo lo necesario. Las horas deciden pasar más lento cuando tus pies no dejan huellas en el tapizón negro. El verde se ve un poco más frío... Las almohadas sobran y el espacio que anoche parecía pequeño, me queda un poco grande. Me dejaste en una mañana soleada, que raramente se nubló el resto del día... Me dejaste un dolor en el ojo derecho, parecido al tuyo, pero mío... Caminaste hacia la esquina y te alejaste, sin dejarme en realidad. Sin dejarme, pero dejándome algunas cosas... tuyas pero mías... Vuelve... Con el día si es posible, si no, un poco más tarde... Pero vuelve... Mancha el tapizón, utiliza la colcha, duerme hasta tarde, come plátanos, toma café con mucha azúcar, gáname en el fut, pierde en otros juegos... Vuelve de tarde o de noche... LLega sin flores, con un perfume de nombre japonés... O sin el perfume, pero quédate a mi lado... Y no vuelvas a dejarme de mañana.