lunes, 30 de agosto de 2010

CONTIGO EN LA DISTANCIA - CHRISTINA AGUILERA

Un lunes cualquiera

Amaneció despejado, casi diría que soleado...
Y sin pensarlo mucho salí del letargo de las horas de sueño. Mi mirada estaba fija sobre un punto cualquiera, que me decía que no era la misma. Un punto en el que lo que más me gustaba de mí moría... Y quedaba la frialdad, el cálculo y la materia. Los ojos se entrecerraban para no ver el cambio, para no ver debajo del polvo. El rastro que dejaba la desaparición era salado y el resultado amargo.

domingo, 29 de agosto de 2010

De la muerte y sus antojos

La calle no sobrevivó ni al descuido ni al abandono... La calle se tornó rojiza y se empapó de desiluciones a las 4 de la tarde... La calle no sobrevivió al tumulto de los pensamientos abandonados a su suerte... La calle se cruzó a sí misma, con la intención de correr mientras el semáforo le daba la razón... pero todo se quedó en deseos y la calle no sobrevivió al tránsito...

El pan no llegó a tiempo para el desayuno, porque no sobrevivió al horno... El calor intenso lo fue sofocando de a pocos haciéndole perder el brillo, el sabor... El pan no sobrevivió a la noche y no estuvo nunca en la mañana. Algunos dicen que el pan se quema en la puerta del horno. Este se derritió ahí mismo, dejando su escencia en la bandeja... Nunca dijo nada... Solo se dio al abandono...

El río no sobrevivió a la lluvia... Agosto trajo tormentas desconocidas para las tierras cercanas y el río se desbordó... El río se emocionó al ver tanta agua y se ahogó en sí mismo en esa noche de lluvia... Las piedras arrasaron con el sonido adormecedor, la basura se mezcló con el lodo y se llevó el llanto de la gente para incorporarlo en ciclo casi eterno del agua... Dejando su tristeza entre nosotros para siempre...

El escritor se perdió en sus páginas en blanco y se ahorcó en tinta negra... No sobrevivió a la falta de inspiración, ni al desempleo, ni a la risa de sus vecinos. El escritor perdió los papeles y las letras... Se amuralló tras las paredes de su talento y nunca lo dejó salir. Se abandonó a su suerte un domingo cualquiera... Y se dejó morir antes de empezar la semana.

La paz no sobrevivió al paso de la humanidad... Y se fue enfriando paulatinamente hasta convertirlo todo en gris, en restos de polvo. La paz no sobrevivió a la guerra del tiempo y murió de madrugada. Una madrugada fría en que alguien, tendida en su cama, terminó por perder la fe. Y aunque la buscó por horas hasta el amanecer, nunca pudo recuperarla.

Yo... yo no sobreviví a mi página. La pasé sí, quizás... Pero no sobreviví a ella como hubiera querido. Mi página, mis páginas me aplastaron una tarde, en que yo decidí darles la vuelta. Escribo y quien escribe no es la misma. Yo perdí el color, la naturalidad, la espontaneidad, la fe... No quiero amar, no quiero desear, no quiero soñar, no quiero luchar... He decidido dejarme llevar por el desgano y ser un fantasma en medio de mi propia vida... Que pasará sin lujos, sin historias que contar... Una vida sin vida... Un suelo sin sueño... Un remedo de todo, sin ser nada verdadero, nada útil, nada agradable, nada...