El frío de hoy me recordó un poco más que de costumbre la falta que me haces cuando no puedo tomar tu mano. Mis dedos se cierran en la nada y sin encontrarte mi mente trata de evitarle una tristeza a mi alma... Recuerdo entonces el calor de tu pecho cuando dormimos juntos, tus besos infinitos con sabor a madrugada, los cuidados contra el frío, el empeine de tus pies rozando la planta de los míos y el aroma de tu cuerpo, a frotaciones para deportistas. Hay un suelo sin embargo bajo mis pies que me remece de cuando en cuando; provocando inseguridades, miedos y nostalgias que se adelantan a los hechos, hechos que ni siquiera son certeros. Es ahí cuando mi cuerpo y mis palabras reaccionan de innumerables formas incómodas y molestas... Que luego dan origen a nuevas distancias sin sentido. Partidas que pueden evitarse, pero que no son evitadas. Vuelvo entonces a la soledad de mi cuarto, que me recuerda a ti en cada uno de sus centímetros cuadrados. Tu aroma en la almohada y en las sábanas son calmantes insuficientes de mi angustia. Entonces, la necesidad de oir tu voz hace que quiera interrumpir tus sueños o pesadillas. Me pierdo en el egoísmo de mi amor y me atrevo a llamarte. Solo tu voz calma tantas angustias juntas, tantos miedos y tantas lágrimas. Para cerrar un día complicado te escribo, pidiendo perdón una vez más por mis errores... Perdones que debiera enmarcar y colgarlos en mi pared a fin de no cometerlos de nuevo... Nunca más.
En las calles llueve, en Lima llueve y hoy en mi cuarto un poco también... La diferencia es que quizás en Lima el sol no vuelva por un buen tiempo... Pero aquí en medio de verde sacha, de tu mano, el sol vuelve a salir siempre.
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