jueves, 25 de junio de 2009

¿Cuál es el límite entre el riesgo y la estupidez?

Totalmente mía...

Hay segundos en los que mi piel se estremece... no de placer, si no de rabia. En los que una palabra o la falta de una mirada explican todo. Y ponen claramente ante mis ojos, los motivos de mi hipotética huída...

Hay minutos enteros en los que siento que piso fango apoyado en la nada. Hay minutos enteros en los que no encuentro ni motivos, ni palabras para sostenerme... Minutos enteros en los que pierdo la fe...

Hay horas completas de espera y expectativa... De ansias (in)justificadas y de vacío absoluto. Horas en que mis ojos voltean para encontrar "algo" y encuentran sombras de un posible personaje futuro que no ha definido su papel...

Hay días enteros en los que pierdo la confianza y la valentía para arriesgar... Que pasan de azul oscuro a negro... porque lo gris es simplemente lo cotidiano... Hay días enteros en que se desdibujan mis límites, mi razón y mi cordura.

Meses en los que exploto constantemente hacia el infinito de lo contenido... Meses en que me controlo y descontrolo... Sin saber a ciencia cierta, donde termina la propia expansión de mi miedo (y el tuyo).

Con colaboración...

jueves, 18 de junio de 2009

Hay verdades de un día, pero no sé si esta es una

Quiero que el tiempo se detenga... Como si aún tuviera miedo de lo que pueda pasar mañana. Miedos... Tengo celos de los tuyos. Más que de cualquier pasado o de cualquier futuro que pudiera aparecer. Porque son ellos los que me hacen perderte de vez en cuando, los que hacen que dudes de mí y yo de ti.

Si los tuviera entre mis manos ahogaría cada uno de ellos en la inmesidad de un mar de razones para quererme. Pero en el fondo, sé que no son ellos los que me están ganando la batalla. Al final, sé que la batalla la estoy perdiendo yo sola. Por eso me conformo con el presente, con lo que me das (aunque no sea lo que quiero).

Y es que el tema, creo que no son tus miedos, si no que el mar de las razones que puedo ofrecerte para que me quieras nunca será lo suficientemente grande para cubrir tus expectativas. He dejado, finalmente, de gotear razones en el mar para cambiarlas por salpicones de lágrimas de impotencia. Para dejar de alimentar mi alma con esperanzas fracasadas que siempre tuve entre tus sábanas; entre nuestras horas; entre tus palabras; entre la ausencia de tu corazón envuelta en grandes rollos de papel de regalo estampado de cariño. Nunca entendí ese estampado y aún así te quise... Ahora te entiendo más y sin querer, trato de quererte menos.

¿Por qué? Porque ahora soy yo la que tiene miedo... Miedo a que la inmensidad de ese mar que llené con tanto esfuerzo te impida ver un pequeño arroyo, que sin razones y sin inmesidades, sí llene tus expectativas. Y ese arroyo existe. Eso creo yo. No son solo tus miedos los que te impiden quererme, decirte eso fue soberbio de mi parte (una soberbia que tu alimentas y dejas que crea para hacerme sentir bien). La sencilla verdad dicta, creo yo, que simplemente no soy ese arroyo.

Lo nuestro no cambiará por mí, me sobrepondré como siempre lo hago. Me gusta lo que tenemos y puedo conformarme con eso mientras tanto. Pero quería que sepas que ya no me pelearé con tus idas y venidas, que no pondré más esperanzas en lo que tenemos. Esa desesperanza a la que tanto temía, por fin a llegado. Ya no creo en un nosotros, ni en los planes, ni en los pendientes. Si creo en tu cariño es porque afirmas que es verdadero, pero yo ya me rendí.

Yo no suelo arrepentirme de nada y espero no arrpentirme nunca de abandonar esta playa que goza del mar de mis razones y la "firmeza" de tu arena que parece movediza. Solo espero que si algún día ese mar llegara a bañar la arena y esta se da cuenta de que no hay otro líquido elemento sobre la faz de la tierra que la humedezca de la misma manera, seas capaz de encontrarme. Tendrás que nadar mucho y correr el riesgo de ahogarte. Pero estaré en medio del mar, en lo más profundo... Hundida debajo de las esperanzas, el cariño, los recuerdos y las expectativas que generamos juntos, cosas que en este momento se deshacen como servilletas en el mar. Y si llegaras a encontrarme, luego de tanto riesgo y tanto sacrificio, hasta te cambiaría el nombre y yo cambiaría el mío. Y rebautizados, muy a nuestro modo, construiriamos un castillo de arena, debajo de ese mar en el que hoy empiezo a ahogarme.

domingo, 14 de junio de 2009

Aime-moi... cap ou pas cap?

Si jugamos a la defensiva, terminaremos en empate

Lo que sentimos y lo que pensamos se entrampan en debates prolongados relativmente seguido, nos muerden la piel o la ponen china. Digamos que mi razón: cerrada atrás, con movimientos claros, jugadas bien puestas, direcciones establecidas, preparada para cualquier cosa, por la derecha o por la izquierda. Si es una, serán dos. Si son dos, serán 4... y así sucesivamente. Digamos que mi piel hoy: Sensitiva y creativa, intenta entrar al tiempo exacto, con fe nunca deja de intentar, mientras adorna cualquier arrebato, Pasa uno, pasa dos, pasa tres y lejos de alcanzar el objetivo rebota. Pide más tiempo... como si eso lo fuera a solucionar.

En tiempos de guerra no vale el empate... Porque los muertos que quedan en el camino, no lo merecen Y vendrán a reclamarnos. Juro que lo harán.

lunes, 8 de junio de 2009

Princesas


De donde el rencor no existe,
pero las penas se reflejan
en el presente triste
cuando mueren las abejas.

Donde se perdona y se olvida,
pero quedan las huellas.
Un lugar verde, azul y amarillo,
con destellos morados de vez en cuando.

Donde hay sueños que cumplir
y ojos que cerrar para poder creer.
Allí los planes quedan en planes,
pero las fantasías se cumplen.

El cuerpo no tiene límites,
pero el corazón sí.
Ahí la piel se enciende
cuando la luz se duerme.

Y los duendes descansan en ramas
para creer que la abeja reina
en realidad, no muere.

Un espacio sin forma,
aunque parezca cuadrado.
Una explosión de formas fijas
y paisajes desfigurados.

Donde no hay niños,
porque la edad no se distingue.
Donde las princesas caen al agua
y sus colores no destiñen.

lunes, 1 de junio de 2009

Solo para creyentes...



Mi lado de niña siempre vuelve a mí. Con una historia me basta para regresar a la época en la que leía la literatura más importante de todos los tiempos. La que fue creada para niños. Para enseñarles a creer en los sueños, en los príncipes y en los finales felices... Yo aprendí con maestría de esas letras. Pero siempre necesito volver a ellas, aunque sea en sus formas más "modernas" y adornadas...

La primera vez que te vi, tenías unos 28 años y parecías un adulto importante, pero no logré ver la mirada de niño que descubrí después. Estaba con alguien más y no te presté mucha atención. Te sentaste a mi lado, porque así te lo pedí. Creo que vimos juntos una película cuyo título no recuerdo. Y fuiste paciente, muy paciente conmigo. Pero al final te fuiste por mi culpa, porque te dije que no podía ser. Porque te rechacé por uno de esos príncipes azules tan lindos que se aparecen en el camino. Cruzaste una puerta grande, de esas rojas con ventana circular en el medio. Esas que solo se ven en los cines de las pelis gringas. Recuerdo cómo ibas vestido y tu espalda, que fue casi lo único que pude ver de ti.

La segunda vez que te vi, tenías 8, quizás 10... Y yo era ya un poco mayor. Tu insistencia era grande, pero tu dulzura era mayor. Estábamos en medio de un festival o algo así. Tenías una sonrisa enorme y el cabello muy corto. Me decías que querías bailar conmigo o estar conmigo. Creo que no llegué a entenderte bien, pero me asustaste un poco. Y te rechacé nuevamente. Esta vez, de forma más sutil. No lloraste, ni te sentiste mal. Solo te desvaneciste... Como esperando a que fuera el momento.

Ayer te volvi a ver. En medio de otro festival, si mal no recuerdo. Tenías 15 y yo también. Tu cabello estaba más oscuro y ondeado, y tus ojos más brillantes. Tus ojos oscuros más brillantes... Estábamos en clases, pero no te importó y me diste un beso. De esos que son perfectos hasta que despiertas del sueño. Tenías algunas pequitas en el rostro y el uniforme de deporte del colegio. Las sillas eran incómodas, pero de alguna manera nos acomodamos. Hasta que te perdí, nuevamente desapareciste.

Me hicieron falta 3 encuentros para darme cuenta de que estás ahí (aquí). Y que no fueron 3 personas distintas con las que me encontré, si no tú, siempre tú. No he tenido tiempo para decírtelo, pero cuando te vea, te diré que sé quién eres y que siempre supe que eras tú. La próxima vez que te vea, no dejaré pasar la oportunidad.

(Lamento el estilo cursi del video juvenil, pero me ayudó a acordarme que no solo existen príncipes en las películas. Los de la vida real no son azules, pero huelen mejor...)