jueves, 20 de mayo de 2010
Un soldadito...
Con los ojos puestos en la meta, camina firme y decidido. Dejándose conmover únicamente por el recuerdo de las personas a las que ama. Una vez tuvo un sueño y en un impulso de la fe que alguien motivó, decidió creer que era posible. Y así emprendió su marcha, empapada de nostalgias y de besos pendientes. En medio de aquellas pendientes, empezó a crear su camino, el que el soñó, el que el creyó... El que él deseaba para sí mismo. Sus mejores herramientas eran el polvo de ilusiones en los que dejó de creer cuando era niño, los suspiros que acompañaron los deseos que le pidió a las estrellas fugaces y las esperanzas que cabían en los sueños acompañados con jugo de uvas cada fin de año. Y después de un tiempo, al voltear la cabeza, vio que había sido posible... Que los sueños que tuvo de niño, cada uno de ellos se había hecho realidad... Casi que con solo creer en ellos.
lunes, 17 de mayo de 2010
"A veces un recuerdo basta para ver todo más claro"
Y de pronto, cuando menos lo esperaba, cuando ya no lo creía posible... Te tuve frente a mí: A punto de besarme y deseando que fuera un beso muy largo. Cuando ya había perdido la fe y las esperanzas en que "un nosotros" era posible aceptaste tomar mi mano y viajar algunos kilómetros al sur para hacer mi (nuestro) sueño realidad. Cuando dejé de creer, tú hiciste lo necesario para que empiece a creer nuevamente que era posible... Entonces, me di cuenta que a veces "perder la fe" no significa renunciar. Me di cuenta que "perder la fe" no significa perderla efectivamente hasta abandonar por completo, hasta dar todo por perdido, hasta dar media vuelta dejando todo (absolutamente todo) atrás. Entonces me di cuenta que no había perdido la fe en nosotros, la había dejado de lado momentáneamente para ponerme una armadura compuesta de falsa sabiduría... Esa clase de defensa que nuestros corazones necesitan para sentirse un poco más protegidos: Sin darlo todo, sin arriesgarse por completo, queriendo sin querer en serio... Para que luego, cuando toque perder, si es que toca, no duela tanto. O para decir "con sabiduría"... Ya me lo esperaba, lo veía venir, por eso actué de esta manera o de esta otra. La verdad es que no puedo juzgarte por dejar de creer... Porque yo dejé de creer primero (cuando empecé a descontar y aún antes de eso) y fuiste tú quien me hizo volver a arriesgar, volver a soñar, volver a amar... No sé si en tu caso se dé rápidamente o no ese regreso, ni siquiera sé si se va a dar... Pero lo cierto es que te amo, esta vez sin armaduras de por medio... Con el corazón en la mano, dispuesta a dejar la piel en el cumplimiento de mis sueños... Sin temor a que no se hagan realidad y a sufrir por eso, aunque la razón sabe que es posible... Descansa mientras te busco, sonríe mientras te encuentro, diviértete mientras encuentro nuestro camino de regreso, duerme mientras busco nuestra paz... Porque permaneceré a tu lado, sin importar las carencias de credo... Porque te seguiré amando de manera silenciosa o parlanchina... Para alejarme si es necesario, para entregarte más cuando haga falta y para verte dormir la noche entera si eso es lo que te hace sentir mejor.
domingo, 16 de mayo de 2010
"Estábamos juntos y me olvidé del resto del mundo"
Estábamos juntos y te vi dormir por una hora o más... En esos minutos besaste el aire, respiraste fuerte y despacio. Me incliné para adoptar una posición en la que parecía que me mirabas... Tu piel descansaba también sin mayores sobresaltos, pero tus pies se movían y pretendían saludarme. Juntaste los brazos y los abriste... Dejaste que la luz le diera a tu rostro y luego te ocultaste de ella. Busqué la sábana y el edredón para abrigarte y luego de eso, te acurrucaste. Te fastidiaba un poco la ropa y te movías cada vez que yo lo hacía. Tu cabello aún parecía húmedo y tus labios permanecían cerrados. Mi niño... Un pequeñito cansado de las tristezas, del mal humor y de las frustraciones. Un alma que descansa y no cuando está a mi lado. Traté de acomodarme a tu lado, pero mis miedos no me permitían encajar bien en tu lado derecho y en el lado izquierdo hacía demasiado frío. Te vi dormir por una hora y luego fui repitiendo una frase en mi mente para ver si lograba adormecerme... Me senté en el suelo y me preguntaste porqué me escapaba, así que volví a tu lado. Mi alma pesaba tanto que no me dejaba dormir, me despertaba a través de mis sueños y mis pesadillas... Una de ellas me hizo despertar llorando... Uno de ellos me hizo querer seguir durmiendo... Y finalmente, ahí estábamos, inmóviles (dormidos y despiertos). Con poco margen en la cama, con pocas lágrimas restantes y la fe puesta en el presente.
miércoles, 12 de mayo de 2010
Te pierdo...
En las mañanas, de manera casi imperceptible aunque digas que no. Mientras avanza el día y en las horas, se esconden las posibilidades de tenerte cerca. En medio de responsabilidades que parecen poco importantes, pero que sin querer, son prioridad. Te pierdo de manera casi constante a mitad de mañana. Mientras me desvanezco en sábanas amarillas por la humedad. En las mañanas, por llegar a las tardes, justo antes de un buen programa de tele y te pierdo... te pierdo por nada.
Luego, en las tardes te pierdo o me pierdo yo. Por rutinas clásicamente establecidas en la sociedad. Por las tardes, cuando el viento entra por la ventana como una señal de ligera llovizna. Cuando las mantas no alcanzan para abrigar el frío y la flojera se incrementa con solo respirar. Te pierdo en el desgano mío, en la pesadez del letargo, en la lentitud de los minutos, en el silencio de las decepciones que menciono y no.
En las noches te tengo y te pierdo de manera frecuente. En medio de tu cansancio y el mío por unos motivos más razonables que otros. Te pierdo en celos que adquieren formas de moldes pequeños y robustos. Te pierdo en el silencio, una vez más. En los quejidos de una madrugada fría. Te pierdo en mis pesadillas permanentes, que utilizan las horas del descanso para atormentar mi mente... Te pierdo una y más veces... Y todas las veces posibles... Hasta el último respiro del día, que sin querer... Vuelve a empezar.
Luego, en las tardes te pierdo o me pierdo yo. Por rutinas clásicamente establecidas en la sociedad. Por las tardes, cuando el viento entra por la ventana como una señal de ligera llovizna. Cuando las mantas no alcanzan para abrigar el frío y la flojera se incrementa con solo respirar. Te pierdo en el desgano mío, en la pesadez del letargo, en la lentitud de los minutos, en el silencio de las decepciones que menciono y no.
En las noches te tengo y te pierdo de manera frecuente. En medio de tu cansancio y el mío por unos motivos más razonables que otros. Te pierdo en celos que adquieren formas de moldes pequeños y robustos. Te pierdo en el silencio, una vez más. En los quejidos de una madrugada fría. Te pierdo en mis pesadillas permanentes, que utilizan las horas del descanso para atormentar mi mente... Te pierdo una y más veces... Y todas las veces posibles... Hasta el último respiro del día, que sin querer... Vuelve a empezar.
domingo, 2 de mayo de 2010
En Lima llueve
El frío de hoy me recordó un poco más que de costumbre la falta que me haces cuando no puedo tomar tu mano. Mis dedos se cierran en la nada y sin encontrarte mi mente trata de evitarle una tristeza a mi alma... Recuerdo entonces el calor de tu pecho cuando dormimos juntos, tus besos infinitos con sabor a madrugada, los cuidados contra el frío, el empeine de tus pies rozando la planta de los míos y el aroma de tu cuerpo, a frotaciones para deportistas. Hay un suelo sin embargo bajo mis pies que me remece de cuando en cuando; provocando inseguridades, miedos y nostalgias que se adelantan a los hechos, hechos que ni siquiera son certeros. Es ahí cuando mi cuerpo y mis palabras reaccionan de innumerables formas incómodas y molestas... Que luego dan origen a nuevas distancias sin sentido. Partidas que pueden evitarse, pero que no son evitadas. Vuelvo entonces a la soledad de mi cuarto, que me recuerda a ti en cada uno de sus centímetros cuadrados. Tu aroma en la almohada y en las sábanas son calmantes insuficientes de mi angustia. Entonces, la necesidad de oir tu voz hace que quiera interrumpir tus sueños o pesadillas. Me pierdo en el egoísmo de mi amor y me atrevo a llamarte. Solo tu voz calma tantas angustias juntas, tantos miedos y tantas lágrimas. Para cerrar un día complicado te escribo, pidiendo perdón una vez más por mis errores... Perdones que debiera enmarcar y colgarlos en mi pared a fin de no cometerlos de nuevo... Nunca más.
En las calles llueve, en Lima llueve y hoy en mi cuarto un poco también... La diferencia es que quizás en Lima el sol no vuelva por un buen tiempo... Pero aquí en medio de verde sacha, de tu mano, el sol vuelve a salir siempre.
En las calles llueve, en Lima llueve y hoy en mi cuarto un poco también... La diferencia es que quizás en Lima el sol no vuelva por un buen tiempo... Pero aquí en medio de verde sacha, de tu mano, el sol vuelve a salir siempre.
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