domingo, 4 de abril de 2010
El hombre que se enamoró de mí
Tú ya lo conociste y ya sabes cuál es su aroma porque lo lleva impregnado en la piel, derramándolo por ahí junto con su alegría, para quienes nos detenemos a sentir su aroma. No es de gran tamaño, pero sus brazos me sostienen y son cómodos. Pero eso tú lo sabes mejor que nadie. Su piel es digna de una noche de invierno, mejor calefacción que cualquiera, mantiene tibias las camas, aleja las pesadillas y abraza sin quemar. Su mente se divide, ahora permanece dividida sin que ello signifique alejarnos de su lado. Te ama... Tanto como a mí, pero de manera diferente. Me escucha... Tanto como a ti aunque no le digas nada. Nos sueña, a ambos... en medio de un castillo con decoraciones japonesas. Yo de tu mano, tú de la mía... Y solo una porque la otra está ocupada con un nuevo pedacito de los tres... Sí, tuyo también. Es un soñador, de los buenos... Y no dudes de que tenga planes para ti, aunque no quiera confesarlo y aunque nunca te obligue a nada. Trabaja, mucho... Mientras tiene tu foto en su teléfono y la mía en su mente (o en la computadora). Sonríe... Y ojalá que pronto sonrías como él... sobre todo ahora que parecen faltarnos las sonrisas... El hombre que se enamoró de mí primero, se enamoró de ti después... Y aunque parezca un poco doloroso al inicio, sé que seremos felices... los 3.
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