lunes, 21 de junio de 2010
Sueño con sabor a pesadilla
Hoy quiero desaparecer y que mis sueños me atrapen en la madrugada que promete ser fria. Quiero volverme polvo así, de pronto. Quiero extinguirme, como se extingue la fe sin pedir permiso. Y quiero volverme un personaje poco siniestro que sepa irrumpir en las noches de la gente para clamar a tiempo que ya es hora de partir. Y convertirme un poco más en muerte a las 2 de la mañana. Y amanecer con el cuerpo frío y quieto. Quiero ser tristeza pura sin avergonzarme de mi naturaleza y desaparecer... Absorberme en el tiempo, en la amargura, en la frustración y en la desesperación. Quiero irme, irme tan lejos que mi historia parezca una leyenda mal contada, sin rastro de que alguna vez fui real. Que mis rodillas dejen el temblor de lado y simplemente se detengan... Quiero morir y renacer en otro mundo. Donde ni el amor, ni la alegría existan. Donde el pasado cuelgue de los árboles y se viva en constante melancolía... Eso quiero, volver a la calle donde pertenezco. Donde la luna está siempre llena y siempre anaranjada; acompañando las historias más espantosas que no son más que historias del día a día. Quiero volver al invierno, a la ceguera, a las luces verdes y rojas, al infierno (frío o caliente), al desamor declarado, al chocolate amargo promedio... Y no volver nunca a este lugar tan raro, donde la gente cree que puede ser feliz, donde cree que los sueños se hacen realidad y que el amor es eterno. Aquí, a las paredes verdes que cada vez se acercan más a mí y están a punto de caerme encima... Quiero irme al lugar de donde vine... Para no volver más a este sueño con sabor a pesadilla.
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