jueves, 31 de enero de 2008

Epílogo... (AVA)


Ahora que mi vida se encuentra como esperando el tren en una estación, recordé algunos de los mejores momentos que vivimos juntos, los cuales solo nosotros podríamos recordar... Te veía cada día (al menos de lunes a sábado), pero era imprescindible hablar de noche. Nos llenamos de un sinnúmero de tarjetas 147 de 5 soles, tanto así que estas formaron parte de uno de los regalos que te hice. Hablábamos a veces por muchas horas y otras, no se podía tanto. Hablábamos de noche para escoger un lugar en este mundo en el cual quisiéramos encontrarnos.

Y así era, en la playa, en nuestra casa, en el campo, en una nube (en la nube número 9). El preludio a estos encuentros era tu voz en mi walkman y probablemente mi foto antes de dormir. Cada palabra, cada detalle, cada instante siempre fue perfecto. Llenamos cuadernos enteros conversando, tratando de plasmar eternamente los sentimientos que probablemente no entendíamos, pero que en definitiva sentíamos. Cualquier excusa era perfecta para correr a abrazarte y no dudaba ni un segundo en hacerlo, siempre tenías los brazos abiertos. La cursilería en estas palabras no es casualidad, así éramos (aún eres así creo).

He descrito más de una vez mi relación contigo, con estas palabras: "Ves que el primer mes siempre es perfecto? Ya, yo viví ese primer mes por 2 años y 5 meses". Probablemente, también lloré y sufrí, pero ahora no lo recuerdo. Recuerdo las risas, los temores, los arrebatos y las escondidas "lujuriosas". Recuerdo que me enseñaste a amar y aprendí tan bien, que ahora parece imposible volver a hacerlo.


Espero no se confundan estos 5 minutos de nostalgia, los cuales son responsabilidad de la vida atrapada en la estación que llevo, con una muestra poco oportuna de afecto. Son párrafos que tratan de aquello que tanto amé, que creímos volvería (aunque ya no lo creo más). Solo quería hablar de aquel niño del cole, que tan bien me hizo sentir y que me roba una sonrisa cada vez que lo recuerdo.

miércoles, 30 de enero de 2008

Miedo al "sí acepto"


De niño(a), no resulta complicado encontrarse a uno mismo pensando en aquel matrimonio soñado o peor aun jugando a "la casita" o "al papá y a la mamá". Sin embargo, con los años eso va cambiando. Al llegar y pasar los 20 el matrimonio se empieza a ver más lejano, incluso a pesar de que tus amigos (y con ello me refiero a tus contemporáneos) se empiecen a casar.

No recuerdo el momento exacto en que la figura del matrimonio y de los hijos empezó a darme escalofríos. Pero escalofríos en su versión película de terror, con los cuales sientes que "algo" a la altura del estómago se empieza a acalambrar y te obliga a doblarte. Sentimiento que desde luego solo puede amilanarse con la profunda tranquilidad, aunque no eterna, de un cigarrillo. Lo más horrible de esta situación es que el tema ha sido tocado en las 2 últimas reuniones que he tenido (domingo y martes), lo cual es una pequeña muestra de las conversaciones que mi círculo de amigos tiene.

Todo empezó una tarde a mediados de diciembre del año pasado, cuando una amiga mía (de esas que a pesar del poco tiempo, sabes cuánto vale su amistad) anunció su próxima boda en enero. El afortunado, un galán extranjero, de esos que te hace reír de lo gracioso que habla el español; sin duda con muchas cualidades, que aún no he podido conocer. Ese anuncio me movió el piso, evidentemente más a mi que al resto de mis amigas, no sé porqué. A esta "buenanueva" le siguieron otras, las cuales una tras otra iban provocando que la piel se me erice y que hasta de cierto modo, tenga pesadillas sobre el tema.


A los 12 o 14 empezamos a comentar los besos y primeras parejas de nuestros amigos. Al entrar en la universidad e incluso varios años después de ello, los comentarios empiezan a girar entorno a "esa primera vez" que fue maravillosa, terrible, o terriblemente maravillosa. Ahora resulta que a los 22 ya se empieza a hablar de los hijos y de matrimonio (el orden descrito no es casualidad). Esto pronostica que en unos años el tema serán los divorcios y luego, quién padece una enfermedad de esas ligadas a la vejez o peor, quién se murió.


Toda esta cháchara, únicamente para convencerme a mí misma de que el temor actual por el matrimonio, incluyendo los escalofríos, no son más que parte de una etapa. Etapa en la cual, por cierto, me gustaría mantenerme un buen rato. ¿Mientras encuentro novio? Sí, pero más que eso. Mientras vivo lo que creo me falta vivir, mientras aprendo y conozco, mientras conozco nuevas personas, mientras acabo mi carrera y mientras lleno ese vacío que aún no sé con qué llenar. Mientras tanto, prefiero los escalofríos... Prefiero los escalofríos a un remedo de calor que no haga más que envolverme a ciertas horas del día y cuando se le antoje.

viernes, 25 de enero de 2008

El caballero que creí en abril...


El caballero camina por las noches y habla de tierras extrañas cuando cierra los ojos. Susurra los cambios climáticos a tu oído de una manera cálida y fría al mismo tiempo. Se queja de la falta de tiempo, porque prefiere que las horas pasen lento. Sabe de todo sin decirlo, alardea poco y está siempre dispuesto a saber más. Tiene una sonrisa que te hace pensar en un mundo distinto y sonríe todo el tiempo, lo cual es preocupante. El caballero no anda en caballo porque no le gusta presumir, tiene la capacidad de hacerte sentir… capacidad que necesito a mi lado. Le gustan las noches para divertirse y salir, no le importa el día de la semana. Se sienta silencioso de vez en cuando y cuando está en silencio, es que noto que es mayor que yo. Es un caballero y un niño cuando juega en el mar. No se sorprende ante las olas grandes porque le gustan los retos. Cierro los ojos y sé en dónde se encuentra. Reniega un poco de las formalidades aunque las acepta porque son parte de su vida. No empuña espadas, porque sus palabras bastan. Pinta cielos y sientes la brisa cuando la usa. Quieres quedarte en silencio esperando sus historias de aventura, porque es un aventurero. Come en grandes cantidades porque lo necesita y no cree en los cuentos de las niñas como yo. El caballero al que veo cada tarde, al que no sé cómo hablarle, tiene sueños paralelos que complementan la vida que tengo. No es elegante, ni anda en caballo, pero juro que su sola presencia basta.

miércoles, 23 de enero de 2008

Lo que (creo que) hago y por qué


De pronto descubrí, que hay problemas que pueden resolverse gracias a la complicada ejecución de un proyecto, pero también con un afiche, una imagen, un gesto o sencillamente un mirada. Los recursos pueden ser miles, los objetivos deben ser claros, pero la convicción debe tener una claridad aún mayor. Hago, lo que hago porque estoy convencida de que con determinación y un poco de creatividad podemos lograr la conjunción de ideas y pensamientos, que en pocos instantes, o quizás en más, nos lleven a creer en un mundo distinto.


Hago lo que hago, porque creo que cada historia, cada experiencia, cada mirada es valiosa y es importante que sea escuchada, vista, sentida… Hago lo que hago porque es necesario dejar de hablar, no siempre pero de manera prolongada de cuando en cuando… Hago lo que hago porque entendí que solo poniendo mis sentidos a disposición de los demás puedo lograr sentir las emociones más alucinantes, puedo lograr escuchar las ideas más impresionantes, puedo ver brillos en las miradas, probar los sabores más intensos y tocar las realidades más alejadas de mi mundo. Solo conociendo todo ello, puedo crear, en compañía, las formas de hacer que el mundo se pinte de colores y no siga en blanco y negro.


También porque es necesario decir las cosas de manera oportuna… Porque es justo que no nos quedemos callados ante aquello que no nos parece, porque sin pecar de egocentrista, es necesario que alguien nos haga despertar. Yo me desperté tarde, con ganas de mucho y con pocas ideas para hacer realidad lo que necesitaba. Por suerte, desperté tarde, pero a tiempo de aprender. La comunicación se puede lograr en un instante, pero ese instante no está aislado del resto de nuestra vida. Aprendemos constantemente de la comunicación misma, aprendemos a hablar en pocos años, pero cuánto nos falta para aprender a escuchar… Hago lo que hago para que no me falte tiempo para decir lo que pienso y actuar de acuerdo a ello. Hago lo que hago, también, para dejar huella en el mundo en el que vivo, en una comunidad, en un pueblo, en una persona, en un árbol o en un niño. Hacemos lo que hacemos para generar procesos que generen más… Para enseñar y para aprender… Para ir por el carril contrario, sin que eso implique un caos… Para creer en lo que nadie más cree… Para sentir lo que nadie más siente…


La comunicación siempre esperó más de nosotros, y esperó… Esperó a ser combinada con aprendizajes, para formar ciudadanos y no conformarnos con receptores. Esperó para ser parte de la política, para estar incluso en el centro de ella y ser más que un simple discurso convincente. Esperó para formar parte de las decisiones políticas, teniendo un rol protagónico en el diálogo, el consenso, el disenso y las estrategias para alcanzar aquello que creemos es lo mejor.


No veo como veía de niña, no pienso igual, escucho más y hablo menos…. Hago lo que hago para que lo que no funciona, funcione y para que lo que funciona, funcione mejor…. Cierro los ojos cada noche pensando en las posibilidades que tengo para incidir en los demás y abrumada al mismo tiempo de las formas en que los demás hacen que me piense a mí misma, que me reconstruya día tras día. Amanezco pensando y armando estrategias para cambiar lo que considero está mal y a lo largo del día cambio de parecer, porque en cada paso entiendo que no todos pisamos igual y que no vemos el camino de la misma manera. Pero ver las aristas de un mismo cubo toma tiempo, entender que pisamos distinto porque el mismo camino es un punto de encuentro de rutas distintas, no es fácil. Justamente por ello, hago lo que hago, para asegurar que los procesos de cambio social que se generen contengan, de forma integral, componentes que refuercen los aprendizajes alcanzados, pero que también refuercen el sentido de aprender constantemente y entender con eso, que no todo está dicho.