
Ahora que mi vida se encuentra como esperando el tren en una estación, recordé algunos de los mejores momentos que vivimos juntos, los cuales solo nosotros podríamos recordar... Te veía cada día (al menos de lunes a sábado), pero era imprescindible hablar de noche. Nos llenamos de un sinnúmero de tarjetas 147 de 5 soles, tanto así que estas formaron parte de uno de los regalos que te hice. Hablábamos a veces por muchas horas y otras, no se podía tanto. Hablábamos de noche para escoger un lugar en este mundo en el cual quisiéramos encontrarnos.
Y así era, en la playa, en nuestra casa, en el campo, en una nube (en la nube número 9). El preludio a estos encuentros era tu voz en mi walkman y probablemente mi foto antes de dormir. Cada palabra, cada detalle, cada instante siempre fue perfecto. Llenamos cuadernos enteros conversando, tratando de plasmar eternamente los sentimientos que probablemente no entendíamos, pero que en definitiva sentíamos. Cualquier excusa era perfecta para correr a abrazarte y no dudaba ni un segundo en hacerlo, siempre tenías los brazos abiertos. La cursilería en estas palabras no es casualidad, así éramos (aún eres así creo).
He descrito más de una vez mi relación contigo, con estas palabras: "Ves que el primer mes siempre es perfecto? Ya, yo viví ese primer mes por 2 años y 5 meses". Probablemente, también lloré y sufrí, pero ahora no lo recuerdo. Recuerdo las risas, los temores, los arrebatos y las escondidas "lujuriosas". Recuerdo que me enseñaste a amar y aprendí tan bien, que ahora parece imposible volver a hacerlo.
Espero no se confundan estos 5 minutos de nostalgia, los cuales son responsabilidad de la vida atrapada en la estación que llevo, con una muestra poco oportuna de afecto. Son párrafos que tratan de aquello que tanto amé, que creímos volvería (aunque ya no lo creo más). Solo quería hablar de aquel niño del cole, que tan bien me hizo sentir y que me roba una sonrisa cada vez que lo recuerdo.


