jueves, 20 de mayo de 2010

Un soldadito...

Con los ojos puestos en la meta, camina firme y decidido. Dejándose conmover únicamente por el recuerdo de las personas a las que ama. Una vez tuvo un sueño y en un impulso de la fe que alguien motivó, decidió creer que era posible. Y así emprendió su marcha, empapada de nostalgias y de besos pendientes. En medio de aquellas pendientes, empezó a crear su camino, el que el soñó, el que el creyó... El que él deseaba para sí mismo. Sus mejores herramientas eran el polvo de ilusiones en los que dejó de creer cuando era niño, los suspiros que acompañaron los deseos que le pidió a las estrellas fugaces y las esperanzas que cabían en los sueños acompañados con jugo de uvas cada fin de año. Y después de un tiempo, al voltear la cabeza, vio que había sido posible... Que los sueños que tuvo de niño, cada uno de ellos se había hecho realidad... Casi que con solo creer en ellos.

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