lunes, 7 de septiembre de 2009

Estaciones, trenes y pasajeros (2)

Eran las 9:10. Y ella, sentada en la parte trasera, tenía los audífonos puestos. Estaba camino al laboratorio. Sus piernas estaban muy pegaditas y la izquierda temblaba con una frecuencia poco rítmica. Por ratos su mirada se perdía en la puerta del vagón que se abría y se cerraba porque estaba malograda. Llevaba un uniforme y una cola de caballo muy ajustada; tanto que creo que sus rasgos faciales eran en realidad, completamente diferentes. Sus ojos tenían un brillo especial; como dice Sabina con un tono particular, por ratos creo que se le “encharcaban las pupilas”. Luego de unos 20 minutos se puso de pie, muy erguida. Mantuvo el equilibrio con los botines de taco que traía puestos y caminó con paso muy muy firme. Presionó el botón mientras se balanceaba ligeramente en el tubo que adornaba la puerta. Cuando la puerta se abrió entró un ligero aire, que dejó caer un pequeño papel al lado del asiento que ella había dejado: “Recibo de pago #236715Presentar este documento para recoger sus resultados”.

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