miércoles, 30 de septiembre de 2009

Confesiones de pasajeros (B)

Fito Espinosa


Para la tranquilidad de la primavera, no me hace falta que salga el sol. He pintado mis paredes y amaneceres con tanta intensidad, que hasta puedo creer que los días empiezan más temprano y más iluminados. Hoy a las 5:30am. el cielo ya estaba azul, a las 5:38 ya estaba celeste… La madrugada fue tibia y meció el tiempo con sutileza. Cerré los ojos, aún con dudas e incertidumbres. Los abrí en medio de una suerte de tranquilidad y sosiego. El tiempo se detuvo entre la 1 y las 5 de la mañana. Mientras la madrugada lo mecía, los minutos me abrazaban a través de ti y se encargaban de mi seguridad mental. Cuando la razón acaba con sus filudas explicaciones y seguimos sin entendernos, los caracoles se ponen en lenta marcha para asegurar que estamos avanzando aunque parezca que no. Y descansamos en un tiempo y un espacio diferente; tratando de encajar y encajando también por pura casualidad. Dos planos que se intercalan en la incertidumbre y se curvan en las certezas (y en las cerezas también, ¿por qué no?).

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