Una noche de Málaga muy típica, salí a bailar con un amigo y una amiga. Por cosas del destino, o más bien, "porque así tenía que ser" (como diría ella), nuestro amigo nos abandonó. Así que solas las dos, nuevamente, fuimos en busca de un lugar para bailar.
Así fue que llegamos, una noche más, al Fraggle Rock. "¡Esta es nuestra noche!", dijimos antes de salir... Como lo hacemos todos los fines de semana. Como es común entre las chicas, dimos un par de vueltas para ver si encontrábamos a alguien interesante. En principio ninguno que nos llamara la atención, pero nos quedamos bailando al lado de 4 chicos que parecían muy amenos. Poco a poco, y luego de conversar, bailar y tomar unas cervezas, el panorama se fue aclarando. Yo bailaba principalmente con un chico, cuyo nombre según recuerdo es David. Ella, por su lado, trataba de decidir si le apetecía más el moreno de Ronda o el marroquí con cara de buena gente.
Luego de unas horas así (y de que nuestro amigo nos encontrara y nos volviera a dejar). Mi amiga se había decidido por el marroquí, quien irónicamente parecía tener un pacto secreto con un motivo que le impedía besar a mi amiga. En fin, así es la suerte y ella lo sabe bien. Yo en cambio, tenía claro David me gustaba y que lo dejaría acompañarme a mi piso si así se daban las circunstancias.
Las circunstancias se dieron... Mi amiga desapareció (de hecho se perdió, pero no es la historia que quiero contar). Él, muy amablemente me dijo que me acompañaría a buscarla y así lo hizo. Salimos ya con luz de día de la discoteca, me guió hasta mi piso mientras caminábamos por unos "palitos" que han marcado mi estancia en Málaga. Le conté que había estado en Frigiliana y que me había encantado. Él me habló de la magia de Ronda (él también era de Ronda) y de que serguro me iba a encantar. Le pregunté mi nombre por tercera vez en la noche y esta vez no pudo responder. Le dije que prefería que fuera así y le sonreí diciéndole que no me importaba. Me dijo que a él si le parecía importante, pero no inisistió... Seguimos caminando.
Al llegar a mi piso y sin haber encontrado a mi amiga, por supuesto, nos sentamos a fumar "un cigarro más". A mí se me habían acabado los cigarros, él había dejado de fumar hacía una semana y sin embargo traía una cajetilla entera. En ese momento, hasta pensé que había estado esperando por mí. Conversamos un rato más, me perdía de rato en rato en los ojos caramelosos que tenía. Me gustaba... Y no solo me gustaba el, me gustaba estar ahí sentada en una vereda mientras no tenía una puta idea de dónde estaba mi amiga. Me gustaba él, su forma de hablarme y de tomarme la mano... De mirarme en silencio y sonreir. Su forma de besarme muy sutilmente, sin que me diera cuenta de cómo el tiempo y el mundo, seguía pasando alrededor. Me contó que de niño su madre le decía que él era hijo de gitanos, por fastidiarlo, pero lo contó con una sonrisa y sin rencores. Me acusó de no ser peruana por alguna de las cosas que dije, me dijo: "seguro tienes padres orientales"... Lo cual es verdad y me encantó que se diera cuenta, que lo supiera, que me lo dijera con tanta certeza.
"Bueno... te dejo para que duermas", me dijo. Ese inocente comentario, de un "chico correcto", que simplemente te acompaña porque le importas tú y no lo que pueda lograr contigo, hizo que me gustara aún más. Hizo además que me atreviera a decir: "¿Eso significa que te tengo que dejar ir?" Y después de un beso, con una entonación completamente distinta a los anteriores, me respondió: "Entonces no dejes que me vaya".
Subimos juntos... Pero después de un rato tuvo que irse (prefiero no pensar por qué). Yo no quería que se fuera y se lo dejé muy claro. Él, a cambio, me dijo: "Nos vemos el lunes a las 9 de la noche en la Plaza de la Marina". Le dije que no iba a ir, con el único afán de que se retracte y se quede conmigo. Insistió diciendo: "Bueno, yo te voy a estar esperando". Intenté una vez más diciéndole que no sabía cuál era esa plaza, ni mucho menos dónde quedaba. Y dijo finalmente: "Ya lo averiguarás". Me dio un beso y antes de irse... "Es mejor así, sin nombres".
El lunes, la indecisión hizo que llegara 10 minutos tarde. No estaba y no llegó en los próximos 50 minutos. No sé si llegó a la hora y decidió irse, o si simplemente nunca fué. Creo que prefiero no saber. Pero ya estando sola en la plaza, me di cuenta de las maravillosas historias que empezaba a vivir. Un desconocido que te gusta, que te encanta, a quien besas, a quien quieres volver a ver... Pero en lugar de tomar la vía tradicional para hacerlo, simplemente dices... Te veo el lunes a las 9pm. en la Plaza de la Marina. Aunque ello signifique correr el riesgo de que en la mente de "alguien" quedes como un simple recuerdo, como un personaje que aparece entre el sueño y la vigilia y que termina por extinguirse en el desface de tiempo que produce la indecisión:
"Una niña corre en círculos, mientras tres señores dan una vuelta a la plaza y se van. Los amigos se encuentran cuando la hora llega a la mitad. Una pareja sentada y otra andando, ambas con su futuro por delante. La pileta apenas está prendida, como arrullando al viento que acompaña a quien solo vino a caminar. La ciudad se mueve, pero la plaza está inmóvil. Solo quedan huellas en las bancas de cemento frías y acogedoras. Qué bueno estar aquí y en ningún otro lado. Una cita fue el pretexto perfecto para verte de noche y no me arrepiento. Me encuentro un poco suspendida entre el espacio y el tiempo, donde ni uno ni otro se mueven. Tu ausencia me molesta y me satisface al mismo tiempo. Porque ahora puedo verte con ojos distintos. De alguien que se adueña de algo aunque no le pertenezca y que cuenta una breve historia, mientras espera a alguien que no llega, porque no debe".
1 comentario:
chini no volviste a saber de el??
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