domingo, 6 de abril de 2008

Hay tanto por conocer...




Cuando uno está solo en un país distinto al suyo, hacer amigos puede resultar fácil o difícil. Sim embargo, por lo general esos amigos que tanto o tan poco nos cuestan, fácilmente se vuelven de los mejores. Bueno pues, esta es una historia más... de esas que me quedaron pendientes y que no escribí en su momento. Pero que a pesar de eso, no quiero dejar de escribir.




Salimos de Málaga en dirección a Nerja, específicamente a conocer las cuevas y por qué no, las rutas que encontráramos en el camino. Ya después de haber visto algunas cosas típicas Carmen y yo dijimos que debíamos ir a Frigiliana. Nuestros acompañantes, otra mexicana y un amigo canario, dudaron un poco. Le preguntamos a un amigo de la residencia universitaria que encontramos por ahí. Su respuesta fue: "Es un pueblo, no hay mucho que ver".

Al subir al auto, canario nos preguntó si de todas maneras queríamos ir a Frigiliana. Carmen y yo dudamos, sobre todo (creo yo) porque teníamos la sensación de que nuestros amigos no querían ir. Nos arriesgamos a dar una respuesta positiva y canario dijo:"pue vamo".

Que genial idea haber llegado a ese lugar, que solo podría describirse como el sinónimo de magia, con una mezcla de encanto y eternidad. Lo cual es contradictorio porque una de las cosas que reconocimos era la suerte de haber tenido la oportunidad de ver lo que teníamos delante... Porque lamentablemente, estamos destryuendo de a pocos el mundo. Yo hubiera podido quedarme en esa roca, sentada o parada, eternamente. Pero sin lugar a dudas, el tiempo que estuve ahi, me permitió retratar un pedazo del "infinito" que vivi.




No hay comentarios: