Jajajaja... Un detalle cirsense
El tiempo se había detenido en el circo aquella tarde, como en la película. No, como en la película no, más bien, de una manera oscura y sombría. Los payasos se volvieron aquellos parecidos a los de mis peores pesadillas. Los animales salvajes en su inmovilidad, inquietaban a la gente que quería huir y no podía. Cerré los ojos para tratar de resolver todo, como si fuera tan solo parte de mi imaginación y no lo logré. De pronto, una luz se posó sobre el trapecio que aún colgaba en un ángulo extraño. Era verde, intensa. Y empezó a bañar de a pocos todo lo que iba tocando. Cayó el trapecio, la luz crecía y todo recuperaba movimiento. Cuando todo empezaba a huir, porque extrañamente todos huyeron de todos, yo me quedé sentada. Con la ilusión de reconocer en esa luz algo de mí misma. La luz se “sentó” a mi lado. Y yo me mantuve cruzada de brazos, casi indiferente. Después de ese suceso tan irreal, me di cuenta del gran poder que tenemos. Hay una parte de nosotros que es capaz de detener el tiempo y darle movilidad nuevamente. Hay una parte de nosotros que es capaz de paralizar todo y darle vida nuevamente. Hay una parte de mí que ha decidido detener todo, a pesar de que los minutos siguen corriendo. Y aunque sé que es posible, no reconozco la razón de la pausa. Pero los más soberbios sobrevivientes del episodio del circo, la llaman tristeza.
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