domingo, 9 de agosto de 2009

3 "adioses" y un hasta mañana

La monotonía de la ausencia del tacto cala en mí una o dos veces por semana. Por instantes, mi cuerpo se separa de mi alma para decirme que "a ciencia cierta" ya no puedo más. Que el rencor ha crecido, que las alas son más grandes que el espacio existente para volar y que las hojas que cayeron en el último otoño no eran más que caricaturas mal dibujadas.

Tu adiós siempre es el mismo, mi hasta mañana siempre es la terca... 3 veces has creído que era lo que necesitábamos y 3 veces me rehusé a creerlo. Mi terquedad puede parecer implacable y la verdad es que no lo es. Es tan frágil como lo son mis sueños interrumpidos cada noche por mis pesadillas. Porque hace meses dejé por escrito, que las "esperanzas" ya las había perdido. Y porque basta con escucharte para sobreentender que mucho de lo que dices no es cierto.

Hoy, la terquedad de mi locura me ha asustado. Creo que ha logrado dejar semillas de agravio y tendencias poco concientes que malgastan nuestra figura. Y en ese punto es que decido que todo se controla y todo se maneja. Hasta soy la ingenuidad personificada, que cree que un par de sonrisas lo cambian todo, lo mejoran. Con todo y eso... Me escucho, me pienso, me veo y me pregunto ¿qué es lo que tan radicalmente me impide rendirme?

¿No pasaron ya los 90 días y las 90 noches? (Min 6:16)



Una volta un re fece una festa e c'erano le principesse più belle del regno. Ma un soldato che faceva la guardia vide passare la figlia del re. Era la più bella di tutte e se ne innamorò subito. Ma che poteva fare un povero soldato a paragone con la figlia del re! Basta! Ma, finalmente, un giorno riuscì a incontrarla e le disse che non poteva più vivere senza di lei. E la principessa fu così impressionata del suo forte sentimento che disse al soldato: "Se saprai aspettare cento giorni e cento notti sotto il mio balcone, alla fine, io sarò tua!". Ma, subito il soldato se ne andò là e aspettò un giorno, due giorni e dieci e poi venti. Ogni sera la principessa controllava dalla finestra ma quello non si muoveva mai. Con la pioggia, con il vento, con la neve era sempre là. Gli uccelli gli cacavano in testa e le api se lo mangiavano vivo ma lui non si muoveva. Dopo novanta notti era diventato tutto secco, bianco e gli scendevano le lacrime dagli occhi e non poteva trattenerle poiché non aveva più la forza nemmeno per dormire... mentre la principessa sempre lo guardava. E arrivati alla novantanovesima notte il soldato si alzò, si prese la sedia e se ne andò via.

No hay comentarios: