sábado, 30 de mayo de 2009

Las trampas del equilibrio

La mirada serena no basta... Porque de pronto hay una palabra que la desequilibra. Y bajo la cabeza sutilmente para olvidar el desequilibrio. Cuando la levanto, las cosas no han cambiado por arte de magia. El desencanto permanece. Falta lo que faltaba siempre, demostrar lo que siento.

La sonrisa perfecta no basta... Porque son de esas que se cuelan en medio de la conversación. No es la que provoca la verdadera satisfacción de haber hecho las cosas bien. Y en los silencios funciona. Y en el vacío funciona. Pero siempre faltará la lágrima sincera que la humedece para hacerla completamente verdadera.

Las palabras exactas no bastan... Porque los tonos de voz han cambiado y el silencio entre ellas puede parecer infinito. Y en el palabreo y el recuento de lo cotidiano, el discurso armado se pierde. Y en la ansiedad mis palabras se perdieron y como siempre, no dije lo que estoy sintiendo.

Y el roce de la mano no basta... Porque pasa en el instante que ya pasó y que quedó encapsulado en la aprehensión del momento. Y en tiempos de lijar maderas, tus manos perdieron suavidad... Y aún así me siguieron gustando. Pero aún con tu mano en la mía, o la mía en la tuya... Nos sigue faltando el tacto.

Y el abrazo de pie no basta... Porque nuestras cabezas no coordinaron y no se pusieron de acuerdo. Porque no bastó con el abrazo y tuvo que venir el segundo paso. Y luego el tercero y el cuarto. Y en medio de la perfección de este abrazo que avanzaba, había algo que aún faltaba. El descanso sincero de dos cuerpos que se apoyan.

Y el beso de despedida no basta... Porque no lo he grabado en mi memoria, ni hubiera querido que lo guardes en la tuya. Porque dejó entreveres de un mañana constantemente incierto y desatinado. Porque aun los besos más perfectos no pueden abrir las puertas. Y a mí, particularmente a mí, me sigue faltando la puerta abierta.

Ni la mirada, ni la sonrisa... Ni la palabra, ni la mano... Ni el abrazo, ni el beso... Todas son tácticas de mi equilibrio, o más bien, muestras de mi desequilibrio. Que guarda en sus trampas la razón de mi desgano y el motivo de tu ausencia, pero sobre todo, los brazos caídos de mi inteligencia.

No hay comentarios: