lunes, 1 de junio de 2009
Solo para creyentes...
Mi lado de niña siempre vuelve a mí. Con una historia me basta para regresar a la época en la que leía la literatura más importante de todos los tiempos. La que fue creada para niños. Para enseñarles a creer en los sueños, en los príncipes y en los finales felices... Yo aprendí con maestría de esas letras. Pero siempre necesito volver a ellas, aunque sea en sus formas más "modernas" y adornadas...
La primera vez que te vi, tenías unos 28 años y parecías un adulto importante, pero no logré ver la mirada de niño que descubrí después. Estaba con alguien más y no te presté mucha atención. Te sentaste a mi lado, porque así te lo pedí. Creo que vimos juntos una película cuyo título no recuerdo. Y fuiste paciente, muy paciente conmigo. Pero al final te fuiste por mi culpa, porque te dije que no podía ser. Porque te rechacé por uno de esos príncipes azules tan lindos que se aparecen en el camino. Cruzaste una puerta grande, de esas rojas con ventana circular en el medio. Esas que solo se ven en los cines de las pelis gringas. Recuerdo cómo ibas vestido y tu espalda, que fue casi lo único que pude ver de ti.
La segunda vez que te vi, tenías 8, quizás 10... Y yo era ya un poco mayor. Tu insistencia era grande, pero tu dulzura era mayor. Estábamos en medio de un festival o algo así. Tenías una sonrisa enorme y el cabello muy corto. Me decías que querías bailar conmigo o estar conmigo. Creo que no llegué a entenderte bien, pero me asustaste un poco. Y te rechacé nuevamente. Esta vez, de forma más sutil. No lloraste, ni te sentiste mal. Solo te desvaneciste... Como esperando a que fuera el momento.
Ayer te volvi a ver. En medio de otro festival, si mal no recuerdo. Tenías 15 y yo también. Tu cabello estaba más oscuro y ondeado, y tus ojos más brillantes. Tus ojos oscuros más brillantes... Estábamos en clases, pero no te importó y me diste un beso. De esos que son perfectos hasta que despiertas del sueño. Tenías algunas pequitas en el rostro y el uniforme de deporte del colegio. Las sillas eran incómodas, pero de alguna manera nos acomodamos. Hasta que te perdí, nuevamente desapareciste.
Me hicieron falta 3 encuentros para darme cuenta de que estás ahí (aquí). Y que no fueron 3 personas distintas con las que me encontré, si no tú, siempre tú. No he tenido tiempo para decírtelo, pero cuando te vea, te diré que sé quién eres y que siempre supe que eras tú. La próxima vez que te vea, no dejaré pasar la oportunidad.
(Lamento el estilo cursi del video juvenil, pero me ayudó a acordarme que no solo existen príncipes en las películas. Los de la vida real no son azules, pero huelen mejor...)
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2 comentarios:
Que bueno que creas en los principes azules (sobre todo que estos huelan bien) y que bueno que creas en los finales felices! algún día yo tb creere... un beso! Te Quiero!
Que bueno que aún creas que en un futuro (espero no muy lejano), vas a creer =)
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