UN ENSAYO MÁS Y QUIZÁS LO QUE QUISIERA DECIR
No tengo un discurso para el sí o para el no. No me preparé para las respuestas inesperadas. No estoy esperando la gran parafernalia. No quiero que se note el temor y sin embargo, no preparé un discurso. Sé que soy mala con las llamadas y a pesar de eso, creo que no me he preparado lo suficiente. No tengo un discurso para una situación tensa, ni para una relajada. No he preparado a mi alma por si simplemente nada pasa. No he preparado a mi mente para los sueños, ni para las pesadillas. Me he sentado a esperar el día apropiado, sin deliberar si se trata realmente de un buen día. Me puse a descansar sobre el sentimiento de extrañar, empecé a obviar todo lo que me hacía falta y le di la espalda a la fuente de mis pocos o muchos fracasos. Me escondí en peceras y barrios desconocidos. Conocí el "amor" y lo tiré por la borda de un barco imaginario. Esperé casi sin esperanzas porque las perdí en el camino de regreso a casa. Subi hasta el infinito y volví al centro de la tierra. Me refugié en criaturas imperfectas que me guiaron por el camino de la perfección. Cerré los ojos y me dejé llevar hasta este momento.
Si no tengo un discurso preparado es por decisión propia. Porque quizás no me hace falta o porque no quiero que lo haga. No lo tengo porque me cansé de ensayar puestas en escena de dos personajes para que terminen siendo los peores unipersonales. No tengo un discurso porque aún pienso que es probable que no tenga que usarlo, porque tengo miedo. No tengo un discurso preparado porque se ha vuelto más bien una práctica diaria, una rutina... desde que puse un pie de regreso. No lo tengo porque aun es posible guardar silencio. O más bien porque creo y confío que es "el momento", el que te da las palabras correctas.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario