NOCHES DE PÓKER: SEGUNDA PARTE
(Los caramelos ambrosoli abiertos y cerrados nuevamente... El tobogán que estaba en el patio cuando estaba en inicial... Unos tragos en el FRIDAY's y una larga conversación... Carpas y sleepings en el cumple de una amiga que ya no es tan amiga... Paraguas en Versalles... Cassettes, muchas veces grabados en voz baja... Los simpsons y Family guy, más de un capítulo, más de una noche... Panqueques en cualquier café... Cigarros de cigarros caminando en Miraflores... La explosión de un encendedor... Puertas traseras de una camioneta que me bota... Villa Asís, el calor del día y el frío de madrugada... Las cartas de secundaria... Los almuerzos en el salón... Las llamadas por teléfono... Las "luchas" por lo que creíamos valía pelear... Un álbum que terminé de llenar y 3 amigas que dormían conmigo... Tortilla de patata a la 1am.... Un tubo de Pringles y una tarde tranquila... 2 helados de fresa medio derretidos... Unas cervezas en un bar cualquiera... Unos mojitos en La Habana... Unos mojitos en el Shamrock... Un juego de póker con mis amigos...)
Y podría seguir... Nos pasan cosas con las personas, nos relacionamos, sentimos, nos conmovemos e inevitablemente nos acordamos. Como si determinados objetos, lugares e incluso ideales fueran "tocados" por una o más personas para dejar su huella impregnada por la eternidad. Domesticamos y por su puesto, nos dejamos domesticar.
Mis amigos, los que ahora por suerte veo cada fin de semana (o más) son mis amigos de siempre y están en muchas de las cosas que escribí antes (espero que sepan cuáles). Pero también pienso y recuerdo a mis amigos, con quienes comprobé que el proceso de domesticar no tiene que ver solo con el tiempo que tenemos para hacerlo, si no con la intensidad de lo que vivimos, la cantidad de cosas que compartimos y la fe, esperanza o el bicho que fuere, de lo que nos queda por compartir.
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