domingo, 3 de agosto de 2008

Todavía













UN CLAVO NO SACA A OTRO CLAVO... Y UN FRANCES NO TE HACE OLVIDAR A UN ESPAÑOL

Conocí a un niño! Un parisino con nombre de dibujo animado de los 80, cuya mención obviaré para no sentirme un poco ridícula en su nombre. Unas copas, algo de música y baile, una muy buena conversación, algo de coqueteo (según Patty )y desde luego, el completo abandono de mis amigas (del cual finalmente no me quejo) fueron suficientes para vivir mi primera historia con un extranjero en Lima.

Debo confesar un ligero gusto por los niños de fuera... Por lo cual, más de un amigo ha osado calificarme de brichera. Sin embargo, el adjetivo calificativo no se aplica a mí. Mi gusto tiene, según yo, 2 motivaciones claras: La resaca de mi estancia en Málaga y mi búsqueda de relaciones efímeras aunque diga lo contrario.

En fin... el niño resultó ser de los más agradables que he conocido. Con muchos temas en común, un gusto raro por la vida, mucha pasión por los viajes y suelto de boca en más de un sentido (y no piensen mal). Me dijo con sinceridad que le gustaba y que quería besarme. Me preguntó de forma educada y precavida si tenía novio. Me siguió con entusiasmo los contados pasos de baile que pude ensañarle. Me prestó su chaqueta cuando me dio frío. Tomaba mi mano para caminar y paraba cada 10 pasos para besarme. Me miró a los ojos, me habló de matrimonio e hijos. Me dijo para ir a Noruega a ver auroras boreales o en todo caso, encontrarnos en Barcelona. Confesó que no quería irse después de haberme conocido. Me abrazaba muy fuerte mientras me decía que no quería separarse de mí. Me dijo que me "quería" después de unas horas de conocerme...

Pero no era el conejo malagueño... Pensé en el conejo gran parte de la noche. Sí, en el conejo desaparecido que aún echo de menos, que aún quiero volver a ver y cuya historia sigo repitiendo. Un conejito que no era de verdad, que era de plástico. Con 4 o 5 marquitas en la parte baja de la espalda y la marca del molde debajo del brazo. Un conejito con adornos de metal que sabía muy bien donde colocar. Un conejito con manos de 35 y uno pies que tiritaban de noche. Alguien fácil de silenciar si hacía ruidos mientras dormçia. Que comía pizza o lo que pudiera cocinar, pero que pocas veces comía. Un conejito que hablaba poco, muy poco... Pero que tenía la frase exacta para cada momento. Frases a las que no pude responder en su momento y que aún no sé si lo podría hacer.

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