martes, 6 de mayo de 2008

Yo también te voy a echar de menos

Pasa que uno se aferra a las historias que creamos en nuestras cabezas. Pasa que pronto, ya no podemos distinguir la realidad de la fantasía y que empezamos a ver lo que queremos ver y no lo que nos muestran. Pasa que escuchamos lo que queremos escuhar con el corazón y no lo que literalmente llega a nuestros oídos. Pasa que sentimos, creemos, nos emocionamos... y todo, sin saber exactamente por qué.

Nos aferramos a quien se nos acerca y nos pregunta nuestro nombre. Nos creemos que este alguien se comió su timidez y tuvo el valor de acercarse, sin que nadie lo presente. Pasa que le preguntamos su nombre, su edad, qué hace; y todo lo creemos sin dudar un segundo. Nos liamos a la idea de que solo será una noche, una vez... Cuando en el fondo nos sentimos incapaces de ello. Tienes una noche perfecta, sales de ahí dejando tu número... Suponiendo que te llamará, te mandará un mensaje o te dará un toque; aunque trabaje de 8 a 8 de lunes a viernes.

Pasa que pasan los días y dudamos si volverá a pasar. Sucede que olvidas la llave de tu casa en su cuarto y temes regresar a ese lugar, pero no te queda de otra. Llegas y solo encuentras indiferencia, o más que eso a alguien frío, lejano. En síntesis, a alguien completamente distinto de quien dejaste la noche anterior. Es ahí que pasa que no sabes si lo volverás a ver, pero te aferras a la idea de que así será. Llega el fin de semana y lo ves. Todo vuelve a ser como aquella noche de hace una semana atrás. Se te acerca y te toma por la cintura, pero más que eso, supones que lo hace para evitar que hables con el brasileño que está a tu lado. Pasa que te dice que eres perfecta mientras te da un beso... Que te carga porque estás cansada y no quieres subir 50 escalones... Que te dice que pasará una noche de la semana contigo y que saldrá de tu casa dándote un beso y sin despertarte... Pasa que te sientes atada a esos detalles, que hasta el momento nadie tuvo contigo pero que no tienen porqué significar nada tampoco.

Pasa que escribes un mensaje tonto y es tan tonto que no vale la pena ser respondido. Pasa que conoces a alguien una tarde y de pronto se encuentran los 3 en el mismo lugar. Mientras conversas con uno, tratas de mostrar tu atención por quien realmente te interesa. Cuando este por fin te dice que quiere irse contigo, tu amiga dice que quiere ir a bailar. Decides priorizar la amistad y él te dice que si es así prefiere irse a su casa. Sucede que al rato te escribe y te seduce un poco el interés que está mostrando. Sucede que pasa la noche en tu casa y a la mañana siguiente se hace amigo de tu amiga. Poco a poco entiendes menos... como si cada semana pasara algo más. Y claro, algo pasa... pero eres tú quien decide emocionarse, porque de cuando en cuando ves lo que quieres ver. Te haces la objetiva diciendo que lo hace por divertirse... cuando la piel te grita al oído que quisieras que fuera diferente.

Buscas excusas para escribir mensajes sin sentido... Para pedir cosas prestadas sobre todo. Sientes que le interesas un poco, tan solo porque te pregunta para qué pediste lo que pediste. Sales a divertirte a mitad de semana, como cualquier otra noche y pasa que tu celular decide no recibir bien los mensajes esa noche. Recibes a las 3am. un mensaje que debió llegarte 8 horas antes y que resulta ser una invitación para ver una peli y pasar la noche juntos. Pero la oportunidad de que sea un poco diferente... ya la perdiste. Pasa que al día siguiente te sientes mal por haber perdido la oportunidad, pero para suerte tuya aparece una nueva. Llegas a casa a las 3am y el va a buscarte. Duermes y te levantas temprano porque a diferencia de los sábados normales, esta vez tienes que estar en la universidad a las 9:30am. Le das la opción de esperarte o de irse... Él decide que es mejor volver y horas más tarde, vuelve. Hasta que es hora de salir nuevamente, es de noche y sales con él y con tu amiga.

Pasa que el miércoles antes del feriado se queda dormido y tú no entiendes porqué no lo ves esa noche. Hasta que por la tarde recibes un mensaje con una nueva propuesta de verse... Te da 45 minutos y tú le pides 75. Se demora más de la cuenta y a cambio le pides un helado de fresa... que te trae envuelto en papel aluminio. Llega tu amiga y él se va. Llega el viernes y te armas de valor para mandar un mensaje y saber si lo vas a ver. Lo mandas finalmente a las 2am y te llenas de angustia hasta las 5:30 am que te responde. Y te responde diciendo que se vestirá e irá a buscarte. Pasas con él lo que queda de la mañana antes de irte a Granada. Te despides sin decir que te irás a Barcelona el miércoles por una semana. Él se despide sin decirte que se irá a Almería por una semana también y luego a Melilla por una semana y media más.

Te enteras de todo esto por un mensaje de texto en el que él concluye que no se verán por 3 semanas y te dice que te echará de menos...

Nos aferramos a aquello que nos gusta, que es exactamente lo mismo que cuento y escribo. Nos olvidamos que todo empezó rápidamente una noche. Te olvidas de lo poco que hablan y prefieres quedarte con los detalles bonitos. Te olvidas que estarás acá tan solo por unos meses más y ya no sabes qué vivir, ni qué sentir. Eliges creer que es difícil para los dos, cuando probablemente él la pasa mucho mejor de lo que piensas cuando está sin ti. Te aferras a la idea de que te va a echar de menos y le dices que tú también; aunque es muy probable, que solo se tratara de una broma.

No hay comentarios: