jueves, 16 de abril de 2009

Más trenes en Lima


Estaciones, trenes y pasajeros...

La imagen de los trenes, las estaciones y las personas que los usan son una imagen que me agrada.

Hay casos en los que una misma persona usa la misma estación y el mismo tren, una y otra vez. Conoces los horarios, la ruta, las estaciones por las que pasa, el sonido que hace el tren cuando llega, los desperfectos, hasta te llegas a aprender los vagones y los asientos; las salidas y las entradas. Se entienden... y aunque existan días de lluvia y resulte incómodo utilizarlo; o aunque salgas tarde un día y prefieras tomar un taxi; sabes que está ahí y que lo que conoces del tren no cambiará sustancialmente, su relación permanece.

Cuando uno va a lugares específicos, mas no rutinarios... El pasajero tiene la opción de elegir. Los valientes y arriesgados se suben a cualquier tren y en el camino, con riesgo de fallar o demorarse, van decidiendo qué ruta tomar y cuando hacer los cambios, mejor llamados transbordos. Los más tímidos, inseguros, cautelosos (o quienes se han perdido alguna vez en el sistema de trenes) prefieren coger un mapa. Ubican el objetivo, establecen la ruta más corta contando las estaciones, usan de referencia lo que ya conocen del sistema de trenes y finalmente, deciden qué camino seguir.

Pero, ¿no pasa también que nos subimos a un tren solo por el placer de ser llevados? El tren sabe hacia donde va, la ruta está previamente fijada, pero el pasajero confiado (quizás un turista), solo se deja seducir por el movimiento cadencioso del tren y por lo rítmico de su sonido. En el camino, el pasajero verá cosas que nunca antes vio, cosas que quizás hasta cambien su forma de ver el mundo, cosas que quizás no volverá a ver... Pero la verdad, es que al final, aunque la ruta esté marcada; el destino del pasajero es incierto. De ser una ruta buena y útil, el pasajero decidirá quedársela para siempre. De ser una ruta mala o no tan segura, quizás no quiera tomarla nunca más, aunque necesite hacerlo. Al final, la decisión es del pasajero...

Pobres trenes y estaciones que no son usadas... y pobres aquellos que pasan por la vida de los pasajeros sin la oportunidad de decidir. No puedo imaginar a un tren, cerrándole las puertas a un pasajero porque no le cae bien, o porque no le gusta como se viste, o por la huella de su trasero que deja marcada en su asiento.

Que suerte que las personas no seamos trenes, que suerte que aún(aunque no creo que eso cambie) podamos decidir con qué rutas nos quedamos y cuáles dejamos pasar, que bien que aún podamos decidir también, simplemente dejarnos llevar... Qué bien que el tema de ser "pasajeros" solo se aplique con los trenes, a menos que decidamos lo contrario.

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