CUANDO EL VALOR LLEGÓ LAS PALABRAS FALTARON
Los detalles aumentaron... Compartir zanahorias era parte de la rutina, pero las formas de ver y entender sus cuerpos cambiaron. Ella odiaba su conformidad, pero admiraba su inteligencia, su sentido del humor y su serenidad para todo. Él odiaba... Parecía no odiar nada, lo mantuvo en secreto siempre. Amaba su determinación, sus silencios y las cosquillas que lograba producir en su espalda con sus patas delanteras.
La pareja de conejos compartía la sombra del árbol sin sentirse perturbada por nada, mucho menos por el futuro. Permanecían en silencio ante aquellos temas a los que temían y se permitieron conversar únicamente del momento. Más por decisión de ella, pero él lo acató sin problemas. Lamentablemente, el futuro llegó a ellos. Podó el árbol con cuidado y los despojó de la sombra en la que se habían albergado. Él había olvidado que ella partiría... Ella no podía creer que ese bosque, ese árbol, esa sombra, ese conejo solo pertenecían a una etapa y no a la eternidad. Pero los silencios permanecieron y ella sobre todo, se mantuvo callada...
El conejo la acompañó a los límites del bosque, ella acurrucó la cabeza en su pecho por última vez... Se miraron en silencio y grabaron la mirada del otro. Enlazaron sus orejas y el susurró más de una frase que terminaba en siempre. Ella asintió, lo quería, hubiera podido quedarse ahí, aferrada a sus orejas y a su pecho... Y cuando el valor para decirlo llegó a su cuerpo, las palabras para expresarlo no llegaron a su boca y con un beso sutil se selló el silencio que los había acompañado en su recorrido por el bosque.
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