Hoy tengo un tulipán blanco, medio guardado en la refrigeradora para que no se marchite. He logrado que algunos de sus mejores pétalos o atributos en general permanezcan intactos...Tengo un tulipán blanco que desvisto de noche en noche. No con el afán de robarle la belleza, si no de admirarla... y rozarla... si las circunstancias y la temperatura del invierno nocturno me lo permiten. Un tulipán que me hace sonreir en las mañanas con silencios contados a su manera. Que me hace llorar de vez en cuando con silencios callados también a su manera. Un tulipán que me suspende y se suspende... Y en medio de nuestras suspenciones nos vamos haciendo más reales. Hoy, no sé si mañana... tengo un tulipán blanco que con certeza no está pintado en ninguna pared. Más bien, empieza a parecer una escultura que se ha atrevido a pintar también en mis paredes. La gran diferencia entre esculturas y pinturas es que las primeras tienen una forma abrazable y besable. No duele cuando les pones la nariz encima (no siempre, jaja) y sus huellas siempre quedan en la ropa. Hoy tengo un tulipán blanco que llena mi refrigeradora con todo lo que es... y que sin ser real, pero siendo escultura, ha logrado internarse en mis 4 paredes. Mi tulipán duerme en el frío... Yo en el calor de mi manta... Y así funcionamos... Hasta la próxima sonrisa que me cause.
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