miércoles, 30 de enero de 2008

Miedo al "sí acepto"


De niño(a), no resulta complicado encontrarse a uno mismo pensando en aquel matrimonio soñado o peor aun jugando a "la casita" o "al papá y a la mamá". Sin embargo, con los años eso va cambiando. Al llegar y pasar los 20 el matrimonio se empieza a ver más lejano, incluso a pesar de que tus amigos (y con ello me refiero a tus contemporáneos) se empiecen a casar.

No recuerdo el momento exacto en que la figura del matrimonio y de los hijos empezó a darme escalofríos. Pero escalofríos en su versión película de terror, con los cuales sientes que "algo" a la altura del estómago se empieza a acalambrar y te obliga a doblarte. Sentimiento que desde luego solo puede amilanarse con la profunda tranquilidad, aunque no eterna, de un cigarrillo. Lo más horrible de esta situación es que el tema ha sido tocado en las 2 últimas reuniones que he tenido (domingo y martes), lo cual es una pequeña muestra de las conversaciones que mi círculo de amigos tiene.

Todo empezó una tarde a mediados de diciembre del año pasado, cuando una amiga mía (de esas que a pesar del poco tiempo, sabes cuánto vale su amistad) anunció su próxima boda en enero. El afortunado, un galán extranjero, de esos que te hace reír de lo gracioso que habla el español; sin duda con muchas cualidades, que aún no he podido conocer. Ese anuncio me movió el piso, evidentemente más a mi que al resto de mis amigas, no sé porqué. A esta "buenanueva" le siguieron otras, las cuales una tras otra iban provocando que la piel se me erice y que hasta de cierto modo, tenga pesadillas sobre el tema.


A los 12 o 14 empezamos a comentar los besos y primeras parejas de nuestros amigos. Al entrar en la universidad e incluso varios años después de ello, los comentarios empiezan a girar entorno a "esa primera vez" que fue maravillosa, terrible, o terriblemente maravillosa. Ahora resulta que a los 22 ya se empieza a hablar de los hijos y de matrimonio (el orden descrito no es casualidad). Esto pronostica que en unos años el tema serán los divorcios y luego, quién padece una enfermedad de esas ligadas a la vejez o peor, quién se murió.


Toda esta cháchara, únicamente para convencerme a mí misma de que el temor actual por el matrimonio, incluyendo los escalofríos, no son más que parte de una etapa. Etapa en la cual, por cierto, me gustaría mantenerme un buen rato. ¿Mientras encuentro novio? Sí, pero más que eso. Mientras vivo lo que creo me falta vivir, mientras aprendo y conozco, mientras conozco nuevas personas, mientras acabo mi carrera y mientras lleno ese vacío que aún no sé con qué llenar. Mientras tanto, prefiero los escalofríos... Prefiero los escalofríos a un remedo de calor que no haga más que envolverme a ciertas horas del día y cuando se le antoje.

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