
El caballero camina por las noches y habla de tierras extrañas cuando cierra los ojos. Susurra los cambios climáticos a tu oído de una manera cálida y fría al mismo tiempo. Se queja de la falta de tiempo, porque prefiere que las horas pasen lento. Sabe de todo sin decirlo, alardea poco y está siempre dispuesto a saber más. Tiene una sonrisa que te hace pensar en un mundo distinto y sonríe todo el tiempo, lo cual es preocupante. El caballero no anda en caballo porque no le gusta presumir, tiene la capacidad de hacerte sentir… capacidad que necesito a mi lado. Le gustan las noches para divertirse y salir, no le importa el día de la semana. Se sienta silencioso de vez en cuando y cuando está en silencio, es que noto que es mayor que yo. Es un caballero y un niño cuando juega en el mar. No se sorprende ante las olas grandes porque le gustan los retos. Cierro los ojos y sé en dónde se encuentra. Reniega un poco de las formalidades aunque las acepta porque son parte de su vida. No empuña espadas, porque sus palabras bastan. Pinta cielos y sientes la brisa cuando la usa. Quieres quedarte en silencio esperando sus historias de aventura, porque es un aventurero. Come en grandes cantidades porque lo necesita y no cree en los cuentos de las niñas como yo. El caballero al que veo cada tarde, al que no sé cómo hablarle, tiene sueños paralelos que complementan la vida que tengo. No es elegante, ni anda en caballo, pero juro que su sola presencia basta.
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