
De pronto descubrí, que hay problemas que pueden resolverse gracias a la complicada ejecución de un proyecto, pero también con un afiche, una imagen, un gesto o sencillamente un mirada. Los recursos pueden ser miles, los objetivos deben ser claros, pero la convicción debe tener una claridad aún mayor. Hago, lo que hago porque estoy convencida de que con determinación y un poco de creatividad podemos lograr la conjunción de ideas y pensamientos, que en pocos instantes, o quizás en más, nos lleven a creer en un mundo distinto.
Hago lo que hago, porque creo que cada historia, cada experiencia, cada mirada es valiosa y es importante que sea escuchada, vista, sentida… Hago lo que hago porque es necesario dejar de hablar, no siempre pero de manera prolongada de cuando en cuando… Hago lo que hago porque entendí que solo poniendo mis sentidos a disposición de los demás puedo lograr sentir las emociones más alucinantes, puedo lograr escuchar las ideas más impresionantes, puedo ver brillos en las miradas, probar los sabores más intensos y tocar las realidades más alejadas de mi mundo. Solo conociendo todo ello, puedo crear, en compañía, las formas de hacer que el mundo se pinte de colores y no siga en blanco y negro.
También porque es necesario decir las cosas de manera oportuna… Porque es justo que no nos quedemos callados ante aquello que no nos parece, porque sin pecar de egocentrista, es necesario que alguien nos haga despertar. Yo me desperté tarde, con ganas de mucho y con pocas ideas para hacer realidad lo que necesitaba. Por suerte, desperté tarde, pero a tiempo de aprender. La comunicación se puede lograr en un instante, pero ese instante no está aislado del resto de nuestra vida. Aprendemos constantemente de la comunicación misma, aprendemos a hablar en pocos años, pero cuánto nos falta para aprender a escuchar… Hago lo que hago para que no me falte tiempo para decir lo que pienso y actuar de acuerdo a ello. Hago lo que hago, también, para dejar huella en el mundo en el que vivo, en una comunidad, en un pueblo, en una persona, en un árbol o en un niño. Hacemos lo que hacemos para generar procesos que generen más… Para enseñar y para aprender… Para ir por el carril contrario, sin que eso implique un caos… Para creer en lo que nadie más cree… Para sentir lo que nadie más siente…
La comunicación siempre esperó más de nosotros, y esperó… Esperó a ser combinada con aprendizajes, para formar ciudadanos y no conformarnos con receptores. Esperó para ser parte de la política, para estar incluso en el centro de ella y ser más que un simple discurso convincente. Esperó para formar parte de las decisiones políticas, teniendo un rol protagónico en el diálogo, el consenso, el disenso y las estrategias para alcanzar aquello que creemos es lo mejor.
No veo como veía de niña, no pienso igual, escucho más y hablo menos…. Hago lo que hago para que lo que no funciona, funcione y para que lo que funciona, funcione mejor…. Cierro los ojos cada noche pensando en las posibilidades que tengo para incidir en los demás y abrumada al mismo tiempo de las formas en que los demás hacen que me piense a mí misma, que me reconstruya día tras día. Amanezco pensando y armando estrategias para cambiar lo que considero está mal y a lo largo del día cambio de parecer, porque en cada paso entiendo que no todos pisamos igual y que no vemos el camino de la misma manera. Pero ver las aristas de un mismo cubo toma tiempo, entender que pisamos distinto porque el mismo camino es un punto de encuentro de rutas distintas, no es fácil. Justamente por ello, hago lo que hago, para asegurar que los procesos de cambio social que se generen contengan, de forma integral, componentes que refuercen los aprendizajes alcanzados, pero que también refuercen el sentido de aprender constantemente y entender con eso, que no todo está dicho.
No hay comentarios:
Publicar un comentario